Soy Leonor, estudié psicología, pero nada más acabar la carrera empecé a trabajar como educadora en un piso tutelado de menores (niños, niñas y adolescentes). Aunque yo prefiero llamarlo “hogar de acogida”. Lo que empezó siendo una suplencia en verano, continúa 7 años después.

Osea que ¿tenías claro dedicarte a un perfil más social de la psicología?

Pues creo que es justo lo contrario. Como empecé a trabajar tan rápido, se podría decir que “no decidí” dedicarme a esto, comenzó siendo algo temporal al acabar los estudios y sin duda ha sido el trabajo de cada día el que ha decidido por mí, llegando a amar este trabajo, sin jamás buscar otro y rebatiendo a quienes lo cuestionan.

¿Entonces sigues trabajando en el hogar que empezaste hace 7 años?

No, justo a principios de este año, he comenzado a trabajar con los chicos y chicas que salen de nuestros hogares al cumplir la mayoría de edad, comúnmente conocidos como “jóvenes extutelados/as”. Es un proyecto nuevo de seguimiento y acompañamiento para quienes al cumplir la mayoría de edad deben abandonar la que ha sido su casa durante generalmente muchos años (la media de estancia en acogimiento residencial es de unos 4 años) y comenzar su proceso de emancipación; proceso de emancipación que la juventud suele llevar a cabo a los 29 años (en España).

Una realidad ya de por sí muy dura, imagino que la llegada del COVID habrá agravado las situaciones.

Sí es una realidad muy dura, de la que desgraciadamente se habla poco. Trabajo con jóvenes que de la noche a la mañana pasan de ser niños y niñas protegidos, a cumplir 18 años y convertirse en adultos sin apenas recursos para afrontar este cambio.

La llegada del COVID-19 nos ha pillado, como a la mayoría, sin estar preparadas. Tanto en los hogares, donde de repente te encuentras sola a cargo de 9 niños y niñas que no pueden salir de casa, que tienen que tele-estudiar con sus correspondientes deberes, tareas de casa y problemas de cada día. Como por otro lado, en el nuevo proyecto que llevamos a cabo, con las jóvenes, que además de las dificultades propias se suma la de arrancar un programa nuevo en un contexto de pandemia global.

Pues sí el peor momento para tener dificultades ¿cómo habéis logrado seguir adelante?

Creo que nos hemos ido adaptando a la situación, nos hemos reinventado. Es lo que toca, nosotros no podemos parar. Y todo esto ha sido posible gracias a la disposición y actitud de los niños, niñas y jóvenes. Son verdaderos héroes.

Por supuesto que está siendo difícil, mucho, especialmente al principio, ha sido muy frustrante. Hay jóvenes que han sido despedidos, no tienen ni para comer y deben pagar por la habitación en la que viven, sin poder acceder a ninguna ayuda ni prestación por los innumerables requisitos que se solicitan. Pero también contamos con muchas entidades y personas que están ayudando y dando el máximo para solventar todo esto de la mejor manera, además de nosotras mismas.

Y por último ¿qué te gustaría revindicar de tu profesión?

Pues mira, siempre me dicen que debería buscar otro trabajo, que esto no es para toda la vida, que valgo para mucho más… y esto es lo que creo que hay que reivindicar en esta profesión. Hasta nosotros mismos nos acabamos creyendo muchas de estas frases y algunas hasta acaban teniendo sentido, pues muchas veces es verdad que no podemos mantener este trabajo ¡para toda la vida!

La imposibilidad de conciliar, de llegar a fin de mes, de mantener la energía trabajando tantas horas seguidas… cambia el peso de la balanza, para muchos de mis compañeros. Y esto tiene que cambiar, tenemos que luchar por tener mejores condiciones.

Aunque yo por el momento, tengo muy claros los pesos en mi balanza ¡hagamos que todas las personas podamos tenerlo siempre claro!

Leo responsable del programa ex-tutelados

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