Como trabajadora del mundo de lo social y a lo largo de mi experiencia profesional y mi vida diaria, considero fundamental el implementar medidas de ocio saludable e inclusivo para prevenir el consumo de sustancias tóxicas en adolescentes. La adolescencia es una etapa crucial de la vida, en todos los adolescentes durante esta etapa se produce un revoltijo de emociones, pensamientos, desarrollos y hormonas. Citando a Barudy » En la adolescencia existe una tormenta cerebral que tiene que ser acompañada con presencia, afecto, contención y buen ejemplo por las madres, los padres y los otros adultos significativos» El acompañamiento de esta adolescencia es vital.

Normalmente, nosotras, que trabajamos en recursos de ocio educativos o en Servicios Sociales, vemos a mucha de esa adolescencia carente de un acompañamiento en esta etapa; unas veces porque esos referentes familiares no tienen la capacidad para acompañar, pero más allá de la dificultad de los padres y otros cuidadores, vemos también un sistema con carencias en los profesionales de la salud, educación y servicios sociales incapaces de ofrecer un acompañamiento coherente a esta etapa  de la vida. La escasez de políticas públicas, la limitación de los recursos y un sistema de ocio basado en recursos privados, cines, actividades deportivas, musicales, creativas y un largo etcétera de «posibilidades de ocio» caras, clasistas y nada integradoras. Todo esto sin entrar en las exigencias que marca «lo trendy», las marcas que conocen a través de las canciones y redes sociales, o el equipamiento que se necesita para realizar según que actividades, es otro hándicap para muchas de las familias que no pueden enfrentar esos gastos. Como resultado, adolescentes frustrados por no llegar a poder consumir todo lo que se les vende, carentes de motivación y con un catálogo de ofertas de ocio muy reducido y regido por el dinero que lleves en el bolsillo.

En resumen, el modelo de ocio en España ha servido para crear negocio, sacar rentabilidad a costa de proveer un ocio limitador que deja fuera a gran parte de la adolescencia del paÍs, abocados a la cultura de parque y consumo. Con estas afirmaciones no queremos, degradar o señalar a esta adolescencia, no queremos poner la responsabilidad en ellas y ellos. Simplemente intentar poner un poco de luz a este tema y dejar claro que el ocio a esta edad es un elemento de protección por el que no estamos apostando como sociedad. No queremos tachar a la juventud de desadaptados o poner en el punto de mira en los adolescentes que consumen en el parque, ya que el problema no es en sí la acción, sino la falta de oportunidades para alternar o sustituir esas actividades por otras.

Para hacernos una imagen real de la situación que describimos os ponemos un ejemplo práctico. Imaginar que salís de paseo por vuestro barrio. Es habitual encontrarse pandillas de adolescentes, fumando, bebiendo, etc…. Imaginad que les hacéis una pregunta (Cosa que es habitual que hagamos las educadoras sociales de calle) “¿Qué hacéis?” lo normal es que te contesten «Nada, aquí pasado el rato» o quizás “Divirtiéndonos” ….

Para que tengamos una imagen global del consumo de drogas entre los jóvenes, os dejamos los datos obtenidos del Instituto Nacional de Estadística. Las drogas más consumidas por los jóvenes de entre 14 y 18 años son las legales (alcohol y tabaco), seguidas del cannabis y de los hipnosedantes con o sin receta médica. El cannabis es la droga ilegal más consumida por los jóvenes. En 2018 el 33,0% había consumido cannabis alguna vez en la vida, el 27,5% en el último año y el 19,3% en el último mes. Entre los que consumieron en el último año, el 3,3% de los chicos y el 1,4% de las chicas ha consumido 20 días o más. En 2018, han empezado a consumir cannabis 222.200 estudiantes de 14 a 18 años.

“¿Divertirse implica consumir sustancias nocivas o tóxicas?” Claro que hay diversión en tomar sustancias, en esta etapa del desarrollo están en continua experimentación, de búsqueda de límites tanto propios como ajenos. La curiosidad que despierta lo prohibido, lo limitado, lo propio de etapas mas avanzadas de la vida, es normal en la mayoría de adolescentes sanos. El problema viene cuando esa experimentación en el consumo se vuelve el eje de la vida del adolescente y no deja espacio para otras actividades de desarrollo. O cuando los niveles de de motivación por su entorno son tan bajos que buscan en las drogas un escape, o una sensación que les saque del hastío diario. Esto no se resuelve con una charla en el instituto hablando de lo malas que son las drogas y el daño que te hacen.

Una buena prevención antidrogas comienza mucho antes de la adolescencia, formando infancias con una autoestima ajustada, que se sientan pertenecientes a una tribu y con tribu nos referimos a un contexto: familia, colegio grupo de iguales, barrio… La infancia con un autoestima ajustado puede empezar a experimentar todos los aspectos de la vida con más control, la infancia que pertenece a una tribu experimenta amor hacia él mismo/a y aprende a devolverlo, aprende a limitarse y a limitar a su entorno, diferenciándose de una forma ajustada para mostrar sus peculiaridades. Una infancia que tiene acompañamiento, es mirada y considerada por su entorno, aprende a enfrentarse a los problemas, desarrolla su creatividad y aparecen sus motivaciones personales, interesándose en temas particulares. Aprende a tener una opinión propia y a establecer sus gustos y preferencias.

Hay que invertir en el desarrollo de los niños y niñas en todos los niveles, desde la familia y el centro formativo, a las políticas sociales. Y cuando alguno de estos sistemas falle tenemos que tener un plan que reactive y refuerce los sistemas que queden en pie o bien ofrecer una alternativa para que esa niña o niño pueda desarrollarse en un contexto sano y protector.

Para ello hay que tener buenos programas públicos de acompañamientos a familia con profesionales sociales. Hay que tener un sistema de salud mental fuerte, accesible y funcional que acompañe y pueda dar respuesta a esta infancia y adolescencia que se encuentra con problemas graves en sus sistemas y desarrollos. Tenemos que tener una red educativa reciclada, que pueda ser capaz de acoger y de crear tribu con su alumnado adaptándose a sus necesidades concretas. Hay un proverbio africano que dice: “El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto quemará la aldea para poder sentir su calor”. Tengámoslo en cuenta.

Tenemos que adaptar nuestras políticas sociales a los cambios culturales de los momentos, las infancias y adolescencias están en continuo movimiento y los lenguajes y códigos culturales cambian. Hay que crear actividades de ocio inclusivo y saludable en el que se aprenda la importancia y el valor de “divertirse sin consumir” y deberíamos de dar ejemplo los adultos, que muchas veces hacemos un consumo abusivo que luego no queremos ver en nuestros adolescentes. Pero sobretodo unas politicas sociales con programas de ocio público y asequibles, programados desde las necesidades de nuestra adolescencia y no desde la permisa de ganar dinero.

Cuando pongamos en marcha todo esto será mucho más fácil bajar la intensidad del consumo de drogas y que este no se cargue el desarrollo de muchos de nuestros adolescentes.

¿Y tu que crées conveniente para frenar esta problemática?

Equipo de Vocess en colaboración con Mª del Mar González educadora social

4 thoughts on “Adolescencia, drogas y politicas sociales.

  1. Muy bueno el artículo. Ahora toca a las autoridades pertinentes realizar actividades que puedan ir en esta línea. Ofertar actividades atractivas para enganchar al grupo y así frenar el consumo de ciertas sustancias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *