¿Por qué me hice trabajador social? He cambiado la respuesta a esta pregunta casi tantas veces como me la han preguntado. Sin embargo, no ha sido hasta que he comenzado mi formación como terapeuta familiar que he podido entender más allá de mis palabras, mirando realmente lo que hay de consciente y lo que hay de inconsciente en esta decisión (y he de reconocer que realmente había más de esto último).

Resulta que desde siempre, en mi familia, ha existido la narrativa de que en la guardería me gustaba ayudar a los demás y esta era mi explicación inicial cuando me preguntaban por el motivo por el que me formé en trabajo social. Era como si formara parte de mi ADN, como si hubiese nacido ayudando… y quizá sí fue así, pero no por el ADN. No recuerdo de quién escuché que “todos somos quienes somos porque alguna vez alguien nos lo dijo” y estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, a la que añado que: a veces no son necesarias las palabras para transmitir estos mensajes dentro de las familias. Al nacer, la dinámica familiar y su contexto nos colocan en el lugar que nacimos para ocupar, y en muchas ocasiones sin apenas utilizar las palabras.

Desde mi punto de vista, creo sería interesante integrar en la formación de los profesionales del trabajo social, y dentro de cualquier formación profesionalizada de ayuda, un espacio para la reflexión personal.

Es necesario mirarse dentro para después mirar a los demás. Quizá, en otras profesiones no es tan preciso. Una persona informática utiliza el ordenador como herramienta de trabajo, en nuestro caso la herramienta de trabajo somos nosotres mismes. Nuestro cuerpo, emociones, traumas, duelos, habilidades sociales, miedos, egos,… todo está ahí, en cada entrevista, en cada intervención, en cada gesto y cada palabra que sale de nuestra boca.

Afortunadamente, los profesionales de la terapia familiar sí tienen una asignatura dedicada a este aspecto. Fue en ella donde comprendí mejor quién era yo, no solamente por lo que me habían contado de mí, sino también porque me permitió analizar lo que esperaban que yo fuera. Las historias de vida de mis padres han impactado de lleno en mi mapa del mundo ¡sin ellos saberlo! Y con este mapa impacto yo en las personas que atiendo ¡sin saberlo!

Este mapa influye: un caso que se atasca, una intervención finalizada antes de tiempo, otra es demasiado larga, dentro de una intervención grupal miro menos a una persona, etc. Y ahora descubro que todo esto, más que ser de ellos, es mío.

Por ello, animo a cualquier profesional que trabaje ayudando a personas que se revise, que se mire, que se entienda más allá de lo que le dijeron. Es sin duda, para mí, uno de los rasgos que mejor definen al buen profesional.

Lorenzo Pérez @trabajosocialconfamilias

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