De entre las pocas habilidades que nunca te preguntarán en una entrevista de trabajo es la de poder encender el portátil, el teléfono del curro y meter sus cuatro dígitos, además de preparar el desayuno, sin apenas abrir los ojos.

Antes de abrir el correo del trabajo, selección musical: “Iván Ferreiro- Díes Irae”, tan adecuado a estos tiempos de marejada constante, díes irae describe el día del Juicio Final. No es por ser apocalíptico, por mucho que lo intenten las redes sociales y demás televisiones, es un ejercicio de desahogo poder tararear la canción sin molestar en casa, con la mirada atónita de un gato blanco que solo quiere que abras su lata de comida húmeda.

¿Cuántos gatos estarán llamando a puertas esta mañana? Los emails hablan de ayudas de alimentos, despidos, ERTES, SEPES, duplicidad de ayudas, ayudas tecnológicas ¿tecnológicas?, ¿hasta ese punto hemos llegado? La cafeína enciende la mecha y todo empieza a coger forma, las repuestas y devoluciones familiares fluyen. Ahora toca registrarlo en el servidor, para después registrar lo registrado en el registro. Entre medias, una pantalla verde se enciende, toca levantarse. Una adolescente atraviesa un episodio de ansiedad importante, capacidad parental nivel parking (menos 1, menos 2, en este caso menos 3).  La conversación termina bien, otro fuego apagado.

La concentración se vuelve espesa a media mañana, fundida en otro correo de una psicóloga de Salud Mental, “ajá ajá, vale… ya me perdí, otra vez a empezar…”. Se agradece la colaboración entre entidades y el compadreo estándar  “espero que todo bien y sin contagios”. Aunque igual el próximo email que intercambiemos es para tratar este odio interno que he desarrollado a esta frase que todo el mundo repite: “un día menos”; un día menos ¿para qué? para tu jubilación o como se llame dentro de 25 años, para tu muerte, para que tu novia te deje, para que todos nos volvamos hippies y nos queramos como hermanos, para que se acabe Telecinco, ¿para qué? Hace 5 días menos, que dejé de creer en esta frase.

El día es una montaña rusa de emociones, familias que doman auténticas fieras adolescentes, otras que llaman solo para preguntarte “que significa heterogénea” porque su hija de 9 años no lo sabe, la madre tampoco y te has convertido en su única salvación; otras que aprovechan a aislarse en habitaciones enclaustradas, confinadas dentro del confinamiento, con todas las dudas sobrevolando y yo con un cazamariposas, pantalones cortos y poco arte intentando dar respuestas.

Si realmente funciona el teletrabajo ¿por qué mis compañeras con hijos no pueden quedarse en casa?, ¿llegará algún día un ERTE?, ¿cerrarán el centro?, ¿tendré que empezar de cero?, ¿por qué el ser humano no sabe escucharse ni en época de confinamiento?, ¿por qué tanta necesidad de estar conectado a tantos aparatos y tan desconectado de uno mismo?.

¿Cómo estará Rodrigo, Mónica o Luis? Intentas llegar más allá de la hora de cierre, una última llamada y se acabó. Tan solo llevas tres seguimientos familiares,  dos orientaciones y una intervención en situación de crisis, siempre conectado a un ordenador y a un teléfono. La balanza siempre cae del mismo lado, de Rodrigo, Mónica y Luis, podría quejarme, cambiar de trabajo, pero me gusta lo que hago, al fin y al cabo trabajo para las familias no para las empresas.

La última llamada reúnen la doble D “divorcio difícil”,  conseguir gestionar entre dos partes enfrentadas e incendiarias, cuando hacer videollamadas ha sido tan costoso como placentero. Me merezco una recompensa, comenzó a sonar “this is the last time” de The National y entonces Mat Berninger devuelve la paz que tanta falta hace entre tanto ruido y tantos Días Irae.

Francisco trabajador social de menores y familias

7 thoughts on “Dies Irae.

  1. Veamos la parte positiva de todo esto, ahora más que nunca podemos apreciar que para algunas personas somos un referente, un puerto que da seguridad, aunque sólo Sra para preguntar por un palabro.

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