Hola. Me llamo Jorge soy Técnico Superior en Animación Sociocultural, futuro Educador Social, Informador juvenil por la Junta de CyL, Coordinador y Monitor de Ocio y Tiempo libre y Persona con una discapacidad superior al 33%. Os voy a contar mi historia de esfuerzo, lucha y reivindicación. Quiero que mis palabras se escuchen y sirvan para remover conciencias.

Las personas con una diversidad funcional somos personas con una dificultad añadida para integrarnos en la vida laboral. Y no hablo solo de las dificultades, físicas o motoras que saltan a primera vista, me refiero también a las dificultades de pensamiento de distintos organismos y/o empresas privadas. Lo normal es una nula empatía por parte del contratante y una escasa paciencia a la hora de explicar o habilitar la accesibilidad del puesto de trabajo lo cual supone un coste económico que no quieren admitir. Muy en resumen estas son las barreras que nos encontramos para conseguir ser contratados, a pesar, de ser muchas veces los / las mejor preparadas/os y con una formación académica amplia.

Las personas con diversidad, estamos en continuo aprendizaje desde que nacemos hasta el fin de nuestra vida, porque tenemos que aprender a llevar de la mejor manera nuestra discapacidad, a sentirla como una parte de nosotros.  Enseñamos a nuestro círculo de amigos, conocidos, familiares a entender nuestra discapacidad y les hacemos conscientes de nuestras dificultades y de como afrontarlas. No es una tarea fácil y muchas veces requiere una gran paciencia por nuestra parte, ya que ver las necesidades en el otro es un trabajo que mucha gente no quiere hacer. Pero aquí estamos, empeñados y empeñadas en reclamar que somos iguales que el resto, aunque alguna vez necesitamos alguna apoyo para realizar tareas domésticas, laborales, de ocio, sexualidad, etc.

Por eso a estas personas con una discapacidad reconocida, nos sienta mal que nos traten con desprecio, y no hablo del desprecio común que todos hemos sufrido, que si “tullido”, que si este niño esta “malito”,  “le pasa algo” que también nos sienta mal. Hablo de un desprecio mucho mas sutil, que te hace quedarte fuera de la normalidad, te hace ser consciente de que no tienes sitio.  Hablo de cuando, por ejemplo, no tienen en cuenta nuestra opinión, de cuando solo con leer en el curricurum vitae que tenemos un grado de discapacidad lo tiran a la basura. Hablo de cuando no se tiene en cuenta el trabajo que nos ha llevado formar ese CV y los numerosos cursos y títulos oficiales pasan a un segundo plano porque, claro, tenemos una discapacidad. Gente de recursos humanos: no existe la universidad del discapacitado como parece que os creéis. Nuestro título es oficial, lo hemos conseguido estudiando y esforzándonos más que cualquier otra persona. Tu mirada de desaprobación al valorar mi currículum hace mucho daño.

Parece que ser voluntario en asociaciones es para lo único que valemos. Pero cuando llegan los contratos laborales para esos puestos, se los dan a las personas que no tienen discapacidad, incluso dentro de las propias asociaciones de ayuda a personas con diversidad funcional. Puestos que, en mi opinión, deberían estar ocupados por personas con discapacidad, ya que nos sentiríamos más cercanos si quien nos da la información es una persona como nosotros, con una formación académica para desempeñar sus funciones concretas. Nosotros mismos ya sabemos lo que le ha costado llegar a ese puesto laboral y por tanto, nos da esperanzas a seguir buscando el trabajo de nuestra vida.

Pero esto rara vez pasa. Normalmente nos conformamos con los contratos laborales de las empresas explotadoras, qué sí, también explotan a las personas con discapacidad. Nos contratan por unas ayudas económicas y unos beneficios fiscales, pero normalmente no van acompañadas de una formación, educación o concienciación a la empresa de las distintas necesidades de la persona contratada. Y por supuesto nos dan puestos de ínfima responsabilidad, porque claro somos «pobrecitos discapacitados». ¿Sabéis cuál es mi última proposición laboral? Una empresa de tapones. Sí sí tapones, estructuralmente relacionado con la Educación Social.

En mi caso me encuentro plenamente preparado para ejercer mi profesión de Educador Social. No quiero que me discriminen de primeras, que solo me ofrezcan contratos sin responsabilidad cuando, tanto yo como todo mi colectivo, hemos demostrado nuestra fuerza de voluntad y nuestra responsabilidad por mejorar cada día una vida lo más autónoma posible.

Para terminar, querría destacar que en este sector se multiplican los problemas por culpa del intrusismo laboral que nos encontramos continuamente los y las profesionales. Por eso, solicitamos al Gobierno que regularice por ley la profesión de educador social, que tengamos claras nuestras competencias y puestos laborales, que no puedan competir contra nosotros profesionales de otros sectores como nosotros no podemos competir por sus puestos, que nos dejen entrar en los centros educativos como lo que somos Educadores Sociales.

Jorge Alvarez Losada.

3 thoughts on “Educación Social, diversidad funcional y discriminación laboral.

  1. Hola! Lo he leído y me parece que dices la verdad porque yo también tengo una discapacidad psíquica. Yo he luchado cada día por conseguir mis sueños como cualquier persona. Las personas con diversidad funcional somos responsables y necesitamos los mismos valores como todos los seres humanos y sobre todo la empatía. Los educadores sociales debemos de luchar por la integración Social de las personas con diversidad funcional.

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