Sonia es educadora social de profesión y vocación. Ahora mismo su objetivo es seguir formándose, su meta es llegar algún día a ejercer como educadora social en el ámbito de la salud. Pero Sonia, tiene una gran experiencia como educadora en centros de protección de menores. De eso justo vamos a hablar hoy.

Buenos días Sonia, cuando te defines das importancia a tu vocación ¿siempre has querido ser educadora social?

Pues mira, algunas filosofías dicen que en los primeros años de vida ya sabemos qué queremos ser en la vida, pero parece ser que lo olvidamos y cuando somos adultos y nos sentimos perdidos necesitamos ir a esos momentos para descubrir nuestro camino. Creo que a mí me pasó un poco esto. Hace mucho, mi madre me enseñó una redacción que había escrito a los 9 años con la que había ganado un concurso. Allí hablaba del proyecto de voluntariado que iba a realizar con personas mayores… quizás ahí ya era un proyecto de educadora social y no lo sabía.

Tardé en realizar la carrera por desconocimiento: en mi Comunidad Autónoma solo se puede cursar en universidad privada o en la universidad a distancia que fue la opción que yo elegí después de estar varios años cursando psicología. A pesar de que en ocasiones he pensado que he perdido muchos años sin tener una titulación que me permitiera ejercer de lo que me gustaba, ahora creo que simplemente tomé el camino largo y lo que ocurrió durante esos años también fue aprendizaje.

Esto lo hemos oído varias veces ¿es, quizás, la carrera de Educación Social poco visible?

Pues yo diria que sí, que la educación social es una carrera poco visible. Es verdad que normalmente te orientan en psicología o trabajo social. Carreras con más empaque, más historia y más conocidas en general. Educación social es más moderna y la gente cree que es una categoría menor o que hay menos trabajo. Creo que es una asignatura pendiente. Hay que reivindicar nuestra carrera.

Cuéntanos tu experiencia hasta ahora en el mundo laboral como educadora social

Desde que finalicé la carrera he trabajado como educadora social en un centro de protección de menores del ámbito residencial. Ha sido una experiencia enriquecedora y dolorosa a partes iguales. Creo que es uno de los puestos más díficiles de ejercer con las condiciones laborales que hay ahora mismo, y a la vez es uno de los más despreciados a nivel social, me atrevería a decir que incluso dentro de nuestro propio sector, comparándonos con monitores o vigilantes.

Considero que he vivido grandes momentos que me han recordado por qué soy educadora social, conociendo historias de vida, aprendiendo herramientas y estrategias de intervención, pero también he sentido que mi única función en la mayoría de las ocasiones era hacer de canguro y he sufrido vejaciones que considero que no debe soportar nadie.

Nos encantaría que nos dieras más detalles, ya que las personas que hemos pasado por puestos laborales en el sistema de protección a la infancia hemos vivido situaciones límite de las que se habla poco.

Yo he vivido como dentro de este contexto, se normalizan situaciones que no deben estarlo, que vulneraban nuestra función de proteger y se miraba hacia otro lado. Dar por perdidos a chicos y chicas dentro del sistema de protección es algo que no nos deberíamos permitir, ni como sistema ni como profesionales. Por esto he sentido grandes dosis de frustración e impotencia. Te sientes sola, no tienes tiempo ni medios y el sistema no se preocupa ni de ti ni de los y las menores.

¿Qué crees que falla en todo esto?

Buf, muchas cosas. En mi opinión, los centros de protección tienen una estructura y funcionamiento, al menos en el Principado de Asturias, incorrecto. Creo que no les hacemos ningún favor a los niños, niñas adolescentes con los y las que intervenimos si no trabajamos mediante objetivos educativos más claros, dedicándoles más tiempo, más intervenciones individuales, preocupándonos por su bienestar día a día y, por supuesto, enseñándoles que en la vida los actos tienen consecuencias.

Al final nuestro papel es acompañarles en su proceso y otorgarles una autonomía que les sirva y que no les haga huir hacia delante, que es lo que normalmente hacen. Huyen sin parar a colocar su historia, su familia y su futuro. Pero esto conlleva tiempo, dedicación e implicación de toda la sociedad.

Por último Sonia ¿qué te gustaría reivindicar sobre este tema?

Quiero dejar clara una realidad. La mayoría de los y las profesionales que trabajamos en recursos residenciales de protección acaban «quemados» porque sienten que viven en las trincheras, apagando fuegos sin poder intervenir como querrían. Viviendo con una sensación de caída libre, sin encontrar, en muchas ocasiones, el respaldo de las instituciones y sabiendo que en tus manos está la supervivencia de niños, niñas y adolescentes que dependen diariamente de ti y de lo que los recursos sociales y comunitarios les puedan ofrecer (lo cual, honestamente, es más bien poco). Pero reivindicaría, ante todo, que no se menosprecie nuestra figura, que no seamos meramente una niñera con estudios, que se nos tenga en cuenta desde las Instituciones, que nuestro nombre sea visible en las propuestas y leyes, y que por fin se nos considere profesionales relevantes del ámbito social.

Meraki Social. Educadora Social

1 thought on “Educadora Social. ¿La vocación lo puede todo?

  1. Hola!
    No, la vocación no lo puede todo. Al igual que el amor…
    Desde luego que no: no puede con los cambios de horario porque si, con funciones que no te corresponden, con malas coordinaciones, con escasos recursos, con lo poco que importan las personas y los profesionales y un largo etc.
    Desde hace 12 años me dedico a la educación social en ámbitos residenciales o centros de día. Decir que estoy gestionando ahora mismo para irme de mi último trabajo. ¿Para qué? para descansar, para saber lo que quiero, no quiero se más educadora social. Es muy triste y me entristece profundamente.
    Hace una semana me encontré con una amiga de un amigo. Lo típico, te pones al día en 15 minutos, después de no vernos en unos 7 años. Le resumo la situación laboral y me dice: ¡pero! ¿cómo? ¿dejarlo? ¡si te encantaba tu trabajo! – Pues ya no.- le contesto.
    A veces incluso me siento culpable, tengo la sensación de haberme equivocado y un montón de sentimientos más.
    Quizá el mundo pierda una educadora social pero gano una buena soldadora o una estupenda vendedora de bragas en un mercadillo, no lo sé.
    Quizá sea demasiado sensible para ver año tras año como se trata a los colectivos vulnerables con los que trabajamos y a los profesionales, que al final somo cuidadores con estudios universitarios y, sinceramente, para seguir así, creo que prefiero trabajar con cosas.
    Lo que no llego a entender es como profesión crítica y de transformación, no hacemos nada como colectivo para reivindicarla y dignificarla, quizá sea porque es una profesión en la que la mayoría somos mujeres y tendemos a aguantar, a cuidar etc como una losa más del patriarcado. No lo sé. Hay mucho que reflexionar, considero.
    Un saludo a todxs y mucho ánimo.

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