Soy Educador Social, he trabajado siempre en el colectivo de la infancia y juventud. Soy homosexual, nunca lo escondo en mi vida privada (bueno, en mi infancia y primera adolescencia sí, pero esa es otra historia). Sin embargo, en el trabajo es diferente. Soy una persona que tiene pluma (y muy orgulloso de ella) y que intenta dar visibilidad al colectivo.

Comencé a trabajar con menores en un hogar de acogida, de vez en cuando, siempre desde una visión heterosexual, me preguntaban: “¿tienes novia?” “¿qué tipo de chicas te gustan?”. Yo siempre respondía con muy buenas palabras: “esto forma parte de mi vida privada». Poco a poco vi como el resto de educadores y educadoras hablaban de su heterosexualidad sin problema: “mi marido es secretario”, “mi mujer me está esperando”, “fui con mi novio/a al cine este fin de semana” o incluso hablaban de sus gustos (lo que les atraía del sexo opuesto) desde una perspectiva cisheterosexual.

En un momento dado, me hice una pregunta: ¿no les cuento que soy homosexual porque es mi vida privada o por miedo al rechazo y a enfrentarme a esa situación? Pregunta incómoda para hacerse a sí mismo de la que obviamente sabía la respuesta. Entre mis compañeres siempre he normalizado ser homosexual y nunca he tenido ningún reparo en decirlo. Por lo tanto, después de contestar a mi pregunta en voz alta, di el paso de salir del armario con les menores del hogar. Y esto parece, y de hecho es muy valiente, pero es un camino difícil a la par que sorprendente. Yo me decía que no solo lo hago por mí, sino por elles, para que vean que ser heterosexual no tiene por qué ser la norma, y ya de paso poder trabajar desde la visibilidad. No quería la típica escena: “Papá, mamá, me gustan los chicos” ya que ni con mi familia lo hice así. Quise esperar a que el contexto me dirigiera, que fuera natural ya que estaba compartiendo una parte más de mi vida. Y así sucedió, mucho mas sencillo de lo que me habría imaginado.

 -Javi ¿qué tal el fin de semana? (menor 10 años).

– Bien me fui con mi novio a la piscina.

– Javi, ¿los chicos solo buscáis chicas altas? (menor 15 años).

– ¿Por qué das por hecho que me gustan las chicas?

– Sois unos mariquitas (Un menor refiriéndose a otros como cobardes)

– ¿Yo te parezco cobarde?

– Javi ¿tú tienes novia? (menor de 7 años)

– No, yo tengo novio, se llama XXXXX

En un principio se quedaban sorprendidos. Me extrañó que no se dieran cuenta de que era homosexual, como digo, tengo pluma. Poco a poco iban haciéndome preguntas, con muchísimo respeto, si bien es cierto que en algunas había que poner ciertos límites, pero sin mentiras, explicando que era mi vida privada y yo decidía hasta donde quería contarles.

La experiencia que tengo con menores de corta edad es que lo normalizan de una manera bestial, algunos en un principio utilizan comentarios homófobos: “qué asco”, y cuando les preguntas por qué da asco, no saben qué contestar y posteriormente lo interiorizan de una manera fantástica . Es una lástima que se tengan tantos prejuicios en tan pronta edad.

Para mí fue muy liberador, tenía, si cabe, mucha más voz para señalar comentarios o comportamientos homófobos, pude trabajar muchísimas conductas, y normalizar muchas otras. Elles sorprendidos, me decían que nunca habían conocido un educador o educadora homosexual, y yo siempre tiraba de humor «todo el mundo es homosexual hasta que demuestre o diga lo contrario».

La realidad es que ahora no trabajo con menores, sino con jóvenes mayores de edad, de diferentes culturas y diferentes sistemas de valores. No me siento preparado aún para poder decirlo, pero siempre utilizo una perspectiva LGTBI en mis intervenciones, incorporando roles de género, orientaciones sexuales y/o identidades de género en los comentarios que hago, o frenando otros, haciéndoles reflexionar sobre lo que han dicho, eso sí, siempre poniendo cada situación en 3ª persona “¿Cómo piensas que se puede sentir una persona transexual con ese comentario?” “¿Sabes que también hay personas que son LGBT?”.

Cuando hablo con educadores y educadoras que son cisheteros o heteronormativos y les comento esta situación, siempre me animan: “tú dilo, si no pasa nada”. No nena, sí pasa. No es fácil. Es enfrentarse al rechazo, a revivir de nuevo esa etapa en el colegio o instituto; el volver a enfrentarse a la inseguridad, a ver de nuevo esos fantasmas que creías encerrados en el armario del que tú saliste un día y del que ahora agarras la puerta y no sabes si entornarla o arrancarla.

Desde aquí propongo a cualquier persona que trabaje en la intervención social, que prueben a decir que son homosexuales, o bisexuales o cualquier otro tipo de orientación no normativa. Total, la mentira como arma pedagógica la usamos todes para normalizar situaciones diarias que para les menores no lo son. Como por ejemplo un: sí, yo voy al psicólogo y me sienta genial. Lo que elles no saben es que mi sueldo precario no puede pagarlo.

En definitiva, creo que la visibilidad es la base de todo, y tú, persona cishetero, puedes hacer mucho, no solo para tu colectivo de intervención, sino también para profesionales que no se sienten con el poder y la valentía de dar un paso hacia delante. ¿Qué puedes hacer como profesional de la intervención social? Aquí expongo algunos tips desde mi experiencia laboral y mi trabajo personal:

  • No des por hecho que todas las personas con las que trabajas son heterosexuales. ¿Cómo se materializa esto? Fácil: “¿tienes novio o novia?” “¿Por qué das por hecho que le gustan los chicos/as?” “¿Si algún día tienes novio o novia…?”
  • Visibiliza la causa en tu puesto de trabajo, ponte algún pin, bandera.
  • Señala cualquier comentario o acto LGBTIfóbicos, siempre desde la pedagogía y el hacer cuestionar a les usuaries sobre esos comentarios o actos. Utilizar la empatía es siempre una buena herramienta: “¿Cómo crees que se puede sentir esa persona? ¿A ti te gustaría que te lo hicieran?”.
  • Desmonta el paradigma cisheterosexual. Sin darte cuenta, incluirás en tu vocabulario y lenguaje, palabras más inclusivas y sabrás detectar aquellos casos de homofobia.
  • Y como siempre, utiliza una perspectiva feminista y racial. No olvides que las mujeres racializadas, lesbianas, bisexuales, y transexuales son las más invisibles dentro del colectivo LGBTI y las más discriminadas.
@stormzebastille

Javi Educador Social y activista LGBT


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