Las personas mayores, que conocemos en la actualidad, son aquellos padres, madres, tíos, tías, abuelos y abuelas que han trabajado y luchado durante tantos años atrás para que nuestra sociedad sea hoy tal y cómo es. No podría determinarse con precisión si todo ese trabajo y esa lucha, han sido suficientemente agradecidos o recompensados. Como es sabido, España ha crecido en programas de envejecimiento activo, adaptando la metodología, en este ámbito, al camino de la participación, el desarrollo y la
auto-realización de las personas mayores, en su actual etapa. El envejecimiento activo «permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona protección, seguridad y cuidados» Un modelo y una metodologia que supera el asistencialismo y confluye hacia una sociedad de participación y cuidados.


Estos programas se han visibilizado a través de la participación ciudadana, en los programas de salud así como en diversas campañas.  Diferentes actuaciones como Mayores Siempre Activos en Andalucía, Caminando por la vida en Gijón o el Programa de Salud para Mayores en Madrid han sido un claro ejemplo de las primeras iniciativas y actuaciones que se han llevado a cabo en nuestro país en los últimos tiempos. Aunque en los últimos años la situación ha mejorado paulatinamente, la presencia de cuidados de personas mayores bajo el estilo mediterráneo, donde una de sus características es la no presencia gubernamental, prevalece. Hecho que promueve y recalca las diferencias sociales de dichas personas.

En el año 2019 aparece SARS-Cov-2, una virus de afección respiratoria que nace en un punto remoto del globo terráqueo, hace tambalear los cimientos de los estrenados programas de envejecimiento activo, ya que,este virus, hace a las personas mayores especialmente vulnerables, debido a su comorbilidad, sus síndromes geriátricos y su fragilidad asociada al envejecimiento.Pero no solo son las carencias fisiológicas del virus lo que importa. Este impacto de la pandemia ha provocado un hito en la historia, modificando el estado psicológico de la sociedad. Entre las primeras afecciones de este tipo que los profesionales sociales hemos notado en nuestra población mayor, se lleva el premio la Soledad. Una soledad indeseada, fruto de los periodos de confinamiento, del miedo y en pro de salvaguardar la salud, quizas centrandonos solo en la salud física. Como consecuencia de esta soledad se manifiestan la depresión y la ansiedad,la tristeza, además de la aparición de las emociones negativas seguidas de la sensación de abandono y vacío, el miedo y la incertidumbre. Personas mayores activas, que en estos años han reducido su actividad vital, con las consecuencias que esto ha generado en perdida de distintas capacidades tanto fisicas como cognitivas.


A estos efectos negativos se suma la dificultad para gestionar los centros de residencia. Resulta injusto hacer una valoración generalizada de la organización y gestión que se ha llevado a cabo en cada centro durante los picos de incidencia más elevados de la pandemia de SARS-Cov-2, por ello, en este trabajo no se ahondará en este punto. Asimismo, es positivo que se traten temas como el acercamiento digital, la actividad física para personas mayores, el envejecimiento activo, etc. Pero, ¿cómo han vivido realmente durante los últimos dos años aquellas personas mayores más vulnerables?
¿Qué ocurre con aquellas que no tienen familia extensa o que no pueden permitirse económicamente una residencia debido a que la pensión de jubilación les resulta insuficiente? ¿o aquellas otras personas que han intentado resistir al virus desde la habitación individual de una residencia, teniendo por trato interpersonal la entrada puntual de los profesionales de la misma? ¿o aquellas otras que, además del factor de la edad, tienen a cargo otra persona en situación de dependencia? ¿Y qué pasa con los que no han tenido los recursos suficientes para conocer qué estaba ocurriendo a su alrededor? Las realidades sociales de los mayores son tan distintas que es dificil saber como responder con eficacia y desde el cuidado a cada una de ellas.


Las primeras medidas tomadas tienen su base en el aislamiento, seguido del paso del voluntariado presencial a llamadas telefónicas discontinuas, paralización de campañas, cambio de metodología, etc. Una rutina completamente nueva, los movimientos se reducen, las actividades lúdicas y de ocio se ven mermadas mientras que la red de apoyo distancia las relaciones interpersonales por prevención incluso entre las propias familias. Es un hecho que las personas de edad avanzada sufren un envejecimiento cognitivo que requiere la estimulación de funciones cognitivas para prevenir el deterioro de las mismas. Además de esta estimulación, se hace imprescindible el entrenamiento de la inteligencia emocional para fomentar el bienestar de las personas que se encuentran en esta avanzada etapa de su vida.


La vuelta a la normalidad resulta ser un continuo cambio y esfuerzo, que en ocasiones se convierte en una cuesta arriba, pues este sector de la sociedad sigue viviendo en riesgo y en un paulatino acercamiento a la vulnerabilidad. En ocasiones los cuidados no son continuos y la autonomía de la persona mayor decrece por lo que la inactividad física incrementa al mismo nivel que la irregularidad en la alimentación diaria.

Por otro lado, es totalmente comprensible que las personas mayores no estén directamente relacionadas con las nuevas tecnologías. Por esto, se determina como un hecho contraproducente el protocolo adoptado para la vacunación de la COVID-19 y el método de comunicación de la misma, realizado por vía telefónica a través de un mensaje en la mayoría de las comunidades autónomas. Se podría decir que la atención sanitaria, en ocasiones, no ha respondido a las necesidades que demanda dicha
población. En esta línea, la educación social permite a los ciudadanos reconocer y buscar su propio
bienestar integral, asegurando una integración social, cultural y económica hecho por el
cual se proponen algunas alternativas a la situación dada actualmente:


● Fomento de una sociedad intergeneracional mediante elaboración de proyectos e
intercambios.
● Programas públicos de estimulación cognitiva e inteligencia emocional y
terapias de reminiscencia.
● Red de apoyo social en el envejecimiento.
● Voluntariado presencial en situaciones que lo requieran.
● Voluntariado telefónico.
● Adaptación de los servicios teniendo en cuenta a las personas mayores.
● Acercamiento de las personas de edad avanzada a las Tecnologías de la
Información y la Comunicación.
● Entornos socioeducativos adaptados a personas mayores.


Solo proponiendo soluciones y trabajando activamente conseguiremos una sociedad igualitaria donde todas las personas, independientemente de su edad, encuentren supropio bienestar personal. Una alternativa al avance de edad, a la pérdida de relaciones y familiares mediante la capacitación.
Debemos agradecer a las personas de edad avanzada la mayoría de los servicios que disfrutamos actualmente. Hemos utilizado durante mucho tiempo términos afectivos tales como abuelitos, nuestros mayores o tercera edad pero ahora es momento de trabajar socio-educativamente, utilizar un lenguaje inclusivo en el que las personas mayores, personas de edad avanzada y envejecimiento tengan eco en la sociedad lejos de los factores de riesgo que instan a situaciones de vulnerabilidad

Natalia Valverde Torralvo – Educadora Social

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