Mi realidad no es que sea la mejor ni la peor, es como es y con ello trato de comentarlo en este espacio que buenamente agradezco. Escribo a través del sarcasmo más absoluto y se emplea el género neutro. Sí, esa manera de hablar que usamos cuatro matades… pero como se suele decir, no se puede matar lo que ya está muerto.

Posiblemente el presente texto no tenga una expresión técnica ni refinada… soy de les que opinan que lo queer cuando se vuelve académico y sobrio deja de ser queer.

Empecemos con el recorrido personal que me llevó a la intervención social a través de la pluma.

En la carrera estudias y aprendes técnicas, teorías y supuestos que cuando sales de la facultad te crees merecedore de la clave del cambio social. Muchas de ellas, basadas en una teoría antigua y sesgada con falta de una interseccionalidad actualmente muy necesaria.

Envias CV a través de ‘Hacesfalta’, y por suerte, tras tres conjuros que aprendiste de la revista ‘Loka’ en tu adolescencia, te llaman para una entrevista. Acudes a las oficinas lo más basic posible… pero modernete, para dar una imagen de sobriedad, pero de un cierto toque no rancio, nada “Cayetano”. No eres tonte, de hecho, te empollas un poco la página web de la institución a la que vas a ir a la entrevista.

Dejas fuera el “ni machismo ni feminismo mimimimí”, o cualquier otra camiseta con mensaje de crítica que te suele representar. De hecho, dejas las plataformas que tan alte te hacen, te quitas el esmalte de las uñas negro, y, con agua y jabón te limpias los ojos de panda que te quedaron de la raya del ojo, porque sí, eres travesti, pero barata. Nada de agua micelar.  

Por último, en la puerta dejas tu pluma no hetera porque no sabes con quién te vas a encontrar. Tu voz la agravas y gesticulas lo menos posible no vaya a ser que le saques un ojo cuando hablas con la efusividad de tus manos.

Haces una performance heteronormativa muy ridícula pero muy buena, o eso quieres creer tú… Si finalmente no te cogen, no sabrás nunca si es por tu pluma, o porque hiciste mal la entrevista, si hay otras personas con mejor curriculum que tú, o bien, hay personas con el mismo CV que tú, pero con menos pluma, lo cual, es muy probable.

Aun así, por suerte, justicia o por enchufe (Hola, vives en España) te incorporas pronto a un trabajo en el que te piden cierta profesionalidad y una figura masculina de referencia ya que tu aspecto corresponde a los atributos que tiene (¿?) un hombre. Ahora cómo les explico que ni soy masculino, que ni quiero serlo, que no me gusta ser una figura de autoridad y que ni si quiera me considero hombre ni mujer. Pero mira, acabo de marcarme un caballo de Troya en toda regla.

Tanteas el terreno, esperas dos o tres meses y ya puedes hacer el típico humor de Drag Queen, tan sarcástico, que tanto te representa, ya que descubres que el clima que hay en el trabajo es progay como Rocío Jurado, la cual nos llamaba “mis niñas de pelo corto” (Fantasía).

Desde mi experiencia, no he vivido momentos de total exclusión hacia mi condición LGBTQ+, aunque no por ello no quiera decir que no exista, ya que las microagresiones son notables y te hacen sentir diferente y no normalizado. Sí, ese falso progay que te llama niña de pelo corto. A lo largo de mi experiencia laboral, sobre todo estos últimos años, decidí empoderarme y dejar atrás ese regalo envenenado lleno de plumas. Empecé con mi intervención queer, que no es nada fácil, como persona no heterosexual empieza primero contigo misme, después ya con tus propies compañeres y con las personas por las cuales nos encontramos aquí trabajando.

Para mí, lo más importante es el trabajo con las personas a las que dedicamos nuestro ser, nuestro cariño, nuestra “profesionalidad”, nuestro motivo por el que nos levantamos día a día. Les usuaries, las personas, les clientes, les chavales, que dependiendo del punto de vista del reparto del poder tengas asimilado, dirás una cosa u otra.

La intervención desde la pluma, como así he querido llamarlo, consiste en un trabajo conjunto con elles; elles muestran su ser y yo les muestro el mío, sin tapujos, de igual a igual. Elles me muestran su pluma gitana, su pluma discapacitada, su pluma inmigrante, entre otras, y yo les enseño mi pluma Transmaricabibollo. Todes, nos mostramos como somos, dentro de un sistema injusto que nos hace sentir desviades, que no se ajusta, que tenemos que adaptarnos a lo que hay, a pasar por el filtro, eliminando conductas, patrones de comportamiento o cualquier cosa que no se ajusta a una realidad no diversa, heredada, discriminatoria y muy poco plural.  

Trabajar en el mundo de lo social y ser LGBTQ+ no es fácil… tampoco pretendo que lo sea. Cuando trabajas con personas en riesgo de exclusión asumes que están ahí por algo, algo que no encaja en una escala y/o un baremo normativo que rechaza y excluye. Son víctimas colaterales o bien un objetivo directo de estructura injusta (si no que se lo digan a les trans).

Siendo honestes… hay veces que nuestras plumas no se llevan bien, otras que sí, hasta hay veces que las plumas se fusionan en una sola (y obviamente esta es mi ‘favo’). La clave está en saber convivir entre ellas y lograr el respeto a través de la identidad en un mundo social que no es justo y muy probablemente te condena. Ahí es cuando se hace intervención, desde lo subversivo, desde el cuestionamiento, desde la empatía, desde el trabajo en la misma altitud. Tú aprendes de mí y yo aprendo de ti. Dejar en la puerta al entrar la superioridad moral del saber, al igual que mis preciosas plataformas que deje al entrar en la entrevista.

Desde hace poco decidí dejar mi pluma heteronormativa enterrada, ya no quiero más caballos de Troya, no más plumas que no me pertenecen, prefiero mostrar mi verdadero pelaje, mis plumas transmaricabibollo, porque forma parte de mi identidad personal, de mi identidad como trabajadore y mi identidad como ser humane.

Desde hace poco decidí emprender un camino de deconstrucción del género, de deconstrucción de la sexualidad y la deconstrucción de la profesión en intervención social y desde luego está siendo duro. Trato de llevar una intervención y una deconstrucción del pedestal de le profesional en el que se ha posicionado siempre como poseedore del saber.  

La intervención desde la pluma es una intervención que busca la identidad, el empoderamiento y la crítica, unida a los objetivos que se te marca por contrato, porque a ver… también tienes que comer, pero eso no quita que puedas hacer pequeñas intervenciones subversivas a través de un discurso y acciones no normativas. Dejando impronta en las personas, ya sea para bien o para mal.

A veces mis intervenciones no sirven para nada… o eso es lo que suelen decir los demonios internos, que desde luego todes hemos sentido y expresado más de una vez a nuestres compañeres o psicologues personales.

Mis intervenciones, ya sea como trabajadore social, como arteterapeuta, como sociosanitarie o llevando un taller de costura en un centro de personas con diversidad, se realizan a través de la pluma como herramienta indestructible en un sistema que trata de destruirla y domarla, empoderando las plumas que todes tenemos.

Mi escrito va dirigido a varios objetivos, a erradicar ese miedo a ser juzgade y a esconder la pluma, a negarse a vivir una vida acorde a tu ser, tu expresión de género y acorde a tu sexualidad. Porque no estamos loques, no estamos erradas, no somos menos personas y no somos menos profesionales por tener una pluma, una identidad que afecta y marca nuestro ser como personas humanas y como trabajadores. No solo estamos aquí para cumplir unos objetivos de empresa social o de una organización, institución o lo que sea, estamos también para ser disidentes, para cambiar la estructura social injusta y para celebrar lo que une es.

Y perdonar que os diga… ese es el espíritu de la intervención socio-educativa.

Luis Trabajador Social, Arteterapeuta

1 thought on “Intervención social a través de la pluma.

  1. Totalmente de acuerdo, somos personas con vocación, no somos etiquetas y deben aceptarnos como tal, sin prejuicios. Ojalá haya más plumas visibles y menos palmaditas invisibles.

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