Esta situación nos ha cambiado la vida, nos ha pillado por sorpresa y sin avisar. En plena tercera oleada, nos encontramos rodeados de mascarillas, distancia de seguridad, incluso negadas las relaciones sociales entre no convivientes, pero ¿nos estamos ocupando de los niños y niñas que están viviendo esta situación? Es necesario ponernos en su piel, en su cabeza y en sus ganas de comerse el mundo, pero cuidado, muchos de ellos están viviendo situaciones inesperadas y no están preparados para ello, es ahí donde los adultos tenemos que ayudarles.

En muchas ocasiones, los profesionales que trabajamos con menores, presenciamos carencias en torno al tratamiento de la muerte. La muerte siempre es un tema difícil de lidiar para los adultos, aún más si cabe para los niños y niñas, es un tema tabú en nuestra sociedad que generalmente intentamos maquillar, esconder o invisibilizar para no hacer sufrir. Somos los propios adultos a quienes nos impone hablar de este tema y hacemos que a los menores no les sea nada fácil hablar de ello. Creemos que es una buena manera de protegerlos frente al dolor y el miedo, sin darnos cuenta que puede ser todo lo contrario. La educación que hemos recibido en casa, y en la sociedad en general, hace que nos resulte complicado hablar de ello. No siempre lo que hicieron con nosotros, es necesariamente lo que está bien hecho, que no se nos olvide realizar aquello que echamos de menos, lo que nos gustaría que hubieran hecho con nosotros, pues será eso lo que los niños y niñas necesiten.

A día de hoy con la pandemia, los casos familiares o allegados fallecidos son más habituales que cualquier otro año. Encontramos familias con situaciones especiales en las que están viviendo el duelo de un ser querido que hacía meses que no veían, que no pudieron despedirse antes de su fallecimiento o que ni siquiera pudieron hacer un ritual de despedida. Eso pesa y mucho. Todo esto hace que el duelo infantil también se complique y estén surgiendo rasgos, reacciones más acentuadas, como pueden ser la dificultad para expresar sus sentimientos, negación de la pérdida o dificultades en el sueño.

Una de nuestras armas más importantes para trabajar estas nuevas reacciones es la educación emocional, podemos empezar a transmitir a la infancia la importancia de identificar todas las emociones. En este caso trabajar con ellos, la rabia, el miedo, la tristeza y la soledad es muy importante como vínculo afectivo, frente a la posible muerte de un ser querido o un fallecimiento reciente.

Combinar cariño, sinceridad, comunicación fluida, una escucha activa y estar dispuestos a contestar sus preguntas es lo que necesita un niño o niña al recibir la noticia de un fallecimiento. Tiene que encontrarse con un adulto capaz de recogerles y de escucharles, tiene que sentir que puede hacer las preguntas que quiera sin que supongan un problema por muy «directas» que nos parezcan.

Es importante también antes de que el fallecimiento se pueda producir, asegurarse de informarle de la evolución de la enfermedad, tienen derecho a saber cómo se encuentra un ser querido y cómo va evolucionando. Ahórrate mentiras piadosas, si la cosa no pinta bien, es mejor ir preparando el camino por lo que pueda pasar. Todo lo que el niño o niña no sepa, se lo va a imaginar, incluso puede llegar a creer que él tiene alguna culpa en el proceso.

Aprovechad si se da la situación en vida de despediros. Una buena manera puede ser enviarle una carta de despedida, hablando de situaciones bonitas y recuerdos vividos que nunca olvidarás con esa persona. Una vez ya fallecida, esa carta también nos puede ayudar a canalizar sentimientos y podemos optar por diferentes rituales para despedirnos y comenzar un duelo, como por ejemplo: hacer un dibujo o una canción para el ser querido. También tenemos que contar con lo que le apetezca hacer al niño o niña, en muchas ocasiones nos sorprenden sus formas de despedirse pero todo es válido si es lo que siente.

El duelo es un proceso totalmente normal por el que pasaremos cada uno de nosotros al perder un ser querido, hay que vivirlo, no sirve de nada esconderlo, aplazarlo o hacer que no existe; no podemos olvidar que el niño o niña también pasa por su duelo, a su manera, y debería poder expresar sus sentimientos y canalizar ese estallido de emociones dolorosas. Acompaña, siente, escucha, llora, esa es tu labor ahora. Destierra frases sin sentido y opresoras de sentimientos como: no pasa nada, eres grande para llorar, a él no le gustaría verte así, tienes que ser fuerte… Si educamos para la vida, necesitamos hablar de la muerte.

Por ello, es importante y necesario ofrecerles herramientas y ser su apoyo emocional en esos momentos. Los centros escolares e instituciones deben ser un punto de apoyo en estos momentos, junto a los familiares más cercanos. Debemos quitarnos ese tupido velo que la sociedad nos ha puesto hace años e investigar, formarnos e informamos de cómo ayudarles, porque ellos y ellas nos lo piden a gritos. Cuando llegue el momento, saber cómo ayudarlos, actuar y guiarlos en uno de los momentos más duros de su vida, es esencial. Ahora es el momento de nuestro aprendizaje, por ellos y ellas, por su bienestar mental y por hacer de esta situación una prueba más de vida superada.

 @capturinglightibiza 

Yasmina Delgado. Educadora Social. @unmarde_emociones

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