Hola, Raquel. Nos has dicho que eres Educadora Social. ¿Nos puedes describir cuál ha sido tu trabajo estos últimos años?

Sí, durante muchos años he sido coordinadora de voluntariado y actividades en una asociación de personas con diversidad funcional y también tengo experiencia como educadora social en talleres para menores de colectivos vulnerables, en este caso etnia gitana. Actualmente, trabajo en Servicios Sociales como educadora social y concretamente en Intervención Familiar y en Salud Mental.

Osea que podríamos decir que tu colectivo de actuación son familias con seguimiento abierto en salud mental. ¿Podrías describirnos tus funciones?

Mi principal función en Servicios Sociales es llevar una intervención y seguimiento con familias que actualmente tienen menores a su cargo y que por diversas circunstancias se encuentra en riesgo y/o vulnerabilidad, trabajando con los progenitores y menores para conseguir unos cambios en la convivencia familiar para así mejorar esta.

Respecto a mi función como educadora social en salud mental, me encargo también de llevar un seguimiento con usuarias y usuarios que padecen algún tipo de enfermedad mental. Además de realizar algunas actividades con ellas y ellos para trabajar hábitos, rutinas…

Por lo que a la Intervención Familiar respecta creo que es una de las funciones más complicadas y gratificantes que tenemos que desarrollar las y los educadores sociales.

Raquel, déjame decirte que nos parece un trabajo muy importante a la par que difícil. Imaginamos que la intervención es muy dura, y que los avances van poco a poco. ¿Cómo consigues seguir adelante y no perder la fe?

Pues mira, personalmente la gratificación de que el trabajo salga bien, y que la familia consiga llegar a los objetivos planteados y dar por finalizada así la intervención no tiene precio. Tener la oportunidad de ver y ayudar a mejorar la convivencia familiar te llena.

No obstante, como tú has dicho, no todo es color de rosa, y a menudo esas intervenciones no finalizan nunca o tiene un final que no te hubiera gustado llegar. Por ello es muy importante, que no llegue nunca a interferir en tu entorno personal. Tenemos que apelar a nuestra profesionalidad, nuestro trabajo en intervención familiar es difícil y cuando hay enfermedad mental muchas veces los usuarios confunden los limites de lo personal y lo profesional. Es importante marcar los límites para no perder la perspectiva. Muchas veces nuestra función como educadores familiares es limitar y contener, ser el «chivo expiatorio», es sacrificado, pero es real y es una forma de intervenir.

Tienes toda la razón, Raquel, y creo que todas las educadoras y educadores familiares nos vemos reflejados en tus palabras. Con la llegada del COVID-19 imagino que la situación habrá cambiado radicalmente. ¿Cómo lo habéis gestionado?

Bueno pues te cuento, con la llegada del COVID-19 por decisión propia, al igual que algunas de mis compañeras, seguimos trabajando con normalidad, eso sí, a puerta cerrada y con todas las medidas higiénicas necesarias. La demanda social que se presentó y se presenta actualmente nos obligó a estar aún más al 100%. Por lo que a mí respecta tuve que trabajar más horas puesto que solo estoy a media jornada.

A nivel emocional fue una situación muy estresante. He tenido que realizar funciones que no son las mías como reparto de alimentos o tramitación de ayudas económicas dada la gran demanda que se empezó a dar a las primeras semanas del confinamiento. También fue una situación muy impactante porque la situación de muchas personas era verdaderamente complicada económicamente.

Parece que en tiempos de crisis nuestro trabajo sigue siendo aún mas importante. En cuanto a la propia intervención familiar supongo que habeis notado grandes cambios en las familias.

Por lo que respecta a las familias con las que intervengo desde antes del confinamiento también les ha resultado muy duro. Se ha perdido mucho trabajo ya conseguido gracias a las intervenciones. Aunque el seguimiento telefónico no ha cesado no se puede comparar con una intervención directa. Son muchas las familias que se han “desenganchado” y a las que nos costará mucho volver a enganchar.

Generalmente, las familias también estaban muy afectadas emocionalmente, sobre todo por la incertidumbre que supone esta situación, y por lo que respecta al colectivo de enfermos de salud mental ha supuesto un gran impacto dado que son personas que, generalmente, les cuesta mucho adaptarse a los cambios, por lo que su enfermedad en ocasiones se ha visto afectada por este confinamiento.

Por último, nos gustaría que expresaras con total libertad, alguna reflexión o reivindicación en torno a la figura del educador social y tu ámbito de trabajo.

Me gustaría desmentir una idea que esta fuertemente enraizada en el colectivo social: los Servicios Sociales, no solo se dedican “a robar niños” o a “dar ayudas a moros y gitanos” como he tenido que escuchar mucho a lo largo de mi corta experiencia profesional. Los servicios sociales trabajan cada día por llegar a todas y cada una de las personas que lo necesitan no están destinadas a unos colectivos en concreto si no que dan servicio a toda la población en general.

Y dentro de estos Servicios Sociales también trabajamos las educadoras sociales. Necesitamos reivindicar que nuestra profesión existe, la figura del educador siempre queda en un segundo plano, y actualmente con esta situación todavía ha quedado más infravalorada. Somos agentes sociales que junto a trabajadores sociales, psicólogos… trabajamos día a día por todo el conjunto de la sociedad.

Raquel N. Creadora del Blog:
https://educandoointentandolo.wordpress.com/

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