Este texto explica una historia real. Una vivencia de una compañera Psicologa Social, de como la política perversa puede hacer daño no solo a una persona sino a toda una localidad. Desde VocesS hemos querido mostrar su historia tal y como nos ha llegado. Es posible que a las personas no familiarizadas con los Servicios Sociales y su funcionamiento les surjan muchas dudas que estamos dispuestas a contestar.

Siempre que se acerca el día 29 de diciembre se me hacen presentes los momentos de desconcierto, angustia, indignación y rabia por mi despido, reconocido hoy como claramente improcedente y producto del despotismo, inconsciencia y falta de capacidad de una jefa, concejal del Área de Servicios Sociales, quién sabe si acompañada en su acción de alguna funcionaria acólita con ganas de ganar espacios de poder. Y es que así fue, un viernes 29 de diciembre de 2017, hace ahora tres años a las 15:30 horas, antes de cerrar mi ordenador recibí una notificación telemática: “La Concejalía de Familia y Protección Social ha formulado propuesta de extinción del contrato laboral de la actual Directora de Servicios Sociales.” Sin haber mediado palabra, aviso ni comunicaciones.

Sin imaginar que se había estado urdiendo un “plan” que me dejaba en desempleo desde ese momento. Plan del que nadie se había percatado, salvo aquellos imprescindibles para llevarlo a cabo, Concejal, Alcalde y Secretaria. Despido producto de una decisión con el único objetivo de ejercitar un poder autoritario que ha costado a la ciudadanía de Colmenar Viejo demasiados euros del erario público en su presupuesto 2020, además de todos los costes judiciales, y la ausencia de una dirección técnica hasta hoy.

Un plan resultado de una concejala, en ese momento, mi jefa directa, ahora exconcejal, afortunadamente para la vecindad de Colmenar Viejo, que no asumía que mis funciones consistieran en la representación del Servicio, la difusión de su actividad y las relaciones con el exterior, siendo el vínculo que posibilitaba la adecuada comunicación entre los niveles político y técnico en el ámbito territorial al que daba cobertura el centro de Servicios Sociales. No entendía que entre mis funciones estuvieran la dirección de recursos humanos, ser la máxima responsable del proceso de toma de decisiones técnicas; dirigir la elaboración del presupuesto anual, con seguimiento de la ejecución del gasto y justificación del mismo; elevar las propuestas de modificación en cuanto a personal, equipamientos y financiación; propiciar actuaciones tendentes a conseguir los recursos adecuados para el mantenimiento del servicio gestionando las subvenciones procedentes de otros organismos, y optimizar la utilización de los ya disponibles; asimismo asesorar a la corporación local en los proyectos de carácter social que esta quería impulsar.

Eso mismo es lo que hice en mis casi 17 años en la dirección de los Servicios Sociales de este Ayuntamiento. Cuando llegué en 2001 empezamos con cuatro técnicas y una educadora, sin procedimientos ni protocolos, sin estar ejecutando el total del gasto del Convenio Anual de Servicios Sociales, sin desarrollar un solo proyecto social. Hoy los Servicios Sociales de Colmenar Viejo son el resultado de un trabajo de dirección y supervisión técnica permanente, aunque los recursos humanos siempre fueron escasos, por la falta de compromiso de los diferentes equipos de gobierno del Partido Popular, hasta hace apenas unos años. Hoy los servicios sociales de Colmenar Viejo cuentan con 10 técnicos en trabajo social, una educadora y otros cuantos apoyos administrativos divididos ya en dos Concejalías. Cuantos años peleando y trasladando esta necesidad que se está haciendo realidad. Por todo ello me congratulo, por el trabajo bien hecho. ​

Mi dignidad me exige traer aquí los párrafos de la Sentencia nº 451/2020 de 22 de mayo de 2020 que falla mi despido como improcedente. En ella tres jueces y una jueza, el primero de lo social, y el resto del Tribunal Superior de Justicia de Madrid-TSJ- dicen: *DÉCIMO-TERCERO.- “…Dicho esto, compartimos plenamente el razonamiento de la sentencia de instancia relativo a que en el nombramiento de la actora, por cierto a través de un concurso reglado, contratándola como directora de sus Servicios Sociales estaba ejercitando una actividad y competencia propia, estructural y permanente, no ocasional, encomendada por la Ley de Bases de Régimen Local (artículos 25 y 26) al deber proporcionar tales servicios de asistencia social el Ayuntamiento con más de 20.000 habitantes, lo cual no depende de las subvenciones que en este caso pueda proporcionar la Comunidad de Madrid. Consecuentemente, mal pudo acudir a la modalidad contractual de obra o servicio determinado, pues se trata de una actividad que es propia de la actividad municipal, no ocasional, y que no goza de la autonomía y sustantividad propia, necesaria para acudir a este tipo de contratos para la formalización de la relación laboral entre las partes. El contrato de obra o servicio nació así viciado por fraude, pues se trata de una actividad permanente y, por tanto indefinida, y el cese equivale a un despido atinadamente calificado de improcedente…”.

Tras tres años de incertidumbre, juicios, recursos, dudas y cuestionamientos propios y ajenos he podido cerrar un ciclo laboral que mirando hacia atrás ha sido tremendamente injusto y costoso hasta plantearme el no regresar a un espacio que he liderado, desarrollado y acompañado durante más de 17 años.

Todo por el caprichoso azar de una política que casualmente pasaba por allí el día que confeccionaban las listas de su partido, ya que de otro modo no me explico la falta de altura demostrada para la gestión de un servicio público. Flaco aporte a nuestro país nos están haciendo estos partidos herederos del clasismo y el despotismo que no valoran la necesidad de “cuidarse” de quien ponen en sus listas. Pero claro, qué pretensiones las mías, esperar que ciertos políticos/as de esa talla tengan un sentido colectivo. Si para ellos los trabajadores/as y funcionarias/os, somos todos y todas sus servidores, interpretan y sienten lo público como propio, no como delegado, haciendo y deshaciendo a su antojo.

La derecha y la ultraderecha creen que España es suya. Piensan que los funcionarios de cualquier clase y nivel están a su servicio, no como profesionales y técnicos al servicio de las ciudadanas y ciudadanos sino al suyo propio y como “simples mandaos”;

Olvidando que el trabajo social en particular esta al servicio del ciudadano y que debería regirse por unos principios claros, independientes a las ideologías que gobiernen. Nosotras estamos del lado del necesitado, excluido, estamos para atender a los márgenes, nuestro trabajo va mas allá de la política clásica. Lo nuestro es Política Social.

Maribel Quintana

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