Las voces de esta historia trabajan en una residencia de mayores como terapeuta ocupacional y como trabajadora social. Nos hacen llegar este escrito, sin mucho orden como lo han sido aquellos días. Pensamientos, reflexiones y sentimientos de unos días de lucha y soledad, a corazón abierto y con heridas sin sanar, así seguimos en la trinchera, combatiendo.

Han pasado más de no sé cuántos días y no sé cuántas noches, y todo ese tiempo nos ha dejado ver el silencio y el miedo, el llanto y el horror, todo mezclado con la rabia con la que hemos sobrevivido a todo esto.

Todo este tiempo, en nuestras cabezas y conversaciones, estaban las cifras, las curvas, las fechas; y aunque no lo decimos demasiado alto, también en un rinconcito de nuestros pensamientos siempre estaban los recuerdos de otros días, otros sitios, otras situaciones, siempre gratas, donde saltábamos, nos abrazábamos fuerte, y donde los besos no estaban prohibidos. Ese pensamiento, siempre positivo, es el que nos ha ayudado, en gran medida, a pelear esta batalla.

Hemos sentido mucha SOLEDAD. Hemos sentido nostalgia de nuestra vida de antes. Cuando hablamos de SOLEDAD, no es solo aquella que haya sentido una persona sin notar el apoyo de las administraciones, que también, es aquella que ha vivido y que aún vive entre nosotros. Es aquella que se siente en las habitaciones de esta casa, unos residentes entendiendo y no queriendo, otros entendiendo y aceptando y otros sin entender ni querer.

No olvidaremos la cara de aquellos residentes, que viéndonos como íbamos “disfrazados” con nuestros EPIs, pensaban que todos los días era Carnaval. Solo veían nuestros ojos tras la pantalla de protección y es ahí cuando aprendimos a hablar y a sonreír con ellos. Era casi el único canal de comunicación y de tranquilidad que podíamos usar.

Hemos sentido el apoyo de la mayoría de las familias. Muchas de ellas, tras todo esto que hemos sufrido (porque ellos también lo han sufrido) han podido entender la importancia de nuestro trabajo. Se les llamaba todos los días para comunicarles el estado de su familiar y siempre se dejaba claro que ese era su estado EN ESE MOMENTO ya que hemos sido testigos de pérdidas de personas que no han sufrido ningún síntoma y que en 48 horas perdían la fuerza. Las familias rezaban porque aquella llamada entrante en su móvil no fuera del médico de la residencia. SOLEDAD han pasado esas familias pidiendo que fuera cualquier trabajador o trabajadora diciéndoles que TODO OK! Sin fiebre y estable.

Se ha vivido mucha SOLEDAD en los vestuarios, donde el personal de los diferentes turnos se cruzaban. Los que entraban a trabajar callados por la incertidumbre y los que salen por estar exhaustos por el trabajo realizado.

SOLEDAD ahora que tenemos las visitas (eso sí con cita previa) de las familias. Hijos, hermanas, padres, madres, sin poderse consolar. Faltos de ese abrazo que nos hace ver lo que está sintiendo la otra persona.  El sentimiento es uno y lo sentimos todos. ¡FALTOS DE ABRAZOS ESTAMOS!

Ahora nos queda seguir luchando. En esta trinchera no se puede bajar la guardia. Nunca antes habíamos sentido tantos ojos en nosotros, en nuestro trabajo, en nuestro día a día. Y no solo debemos luchar porque todo esto no vuelva a ocurrir, debemos luchar por hacer importante nuestro compromiso, nuestras funciones, por nuestra IMPORTANCIA en el sistema. No somos personal de segunda, hemos sido, somos y seremos trabajadores de primera. Luchando en primera línea de batalla.

Hemos sido testigos y conocedores de que todo el personal involucrado en que un centro funcione, tiene su peso y su importancia. TRABAJADORES, RESIDENTES Y FAMILIAS. Por tanto hay que agradecerlo a muchas personas:

A todas las familias que cada llamada termina con ¡CUIDAOS VOSOTROS! que entienden lo que estamos viviendo, que colaboran con escritos preciosos de apoyo y mascarillas hechas con mucho amor y batas personalizadas con ‘emojis’.

A todas las organizaciones que han llamado y han aportado lo que han podido. Personas anónimas que solo querían eso: ayudar.

Al personal de limpieza del centro. Que han realizado su maravilloso trabajo con miedo y necesidad, con nuevos y más estrictos procedimientos y que se han dejado la piel.

Auxiliares. Que no seríamos nada sin ellos, en crisis, sin crisis… son el motor de esta casa. Todos los días atienden las necesidades más básicas y por ello las más importantes de nuestros mayores.

Médicos, personal de enfermería. Sin palabras. Aprendiendo y desaprendiendo. Intuyendo y aceptando. Durante mucho tiempo, atados de pies y manos. Las pautas del hospital son claras. Se preguntaban ¿qué podemos hacer? Y la respuesta fue clara y unánime: TODO.

Personal de recepción. Dando salida a todo lo que entraba, excepto personas, pero teniendo el triple de llamadas.

Mantenimiento. Su trabajo daba tanta satisfacción a nuestros residentes como nunca antes. Que una radio con pilas y que la televisión funcionaran bien hacía que el confinamiento fuera más llevadero.

Terapeutas, fisios, psicólogos, trabajadora social… en definitiva los técnicos del centro. Quienes funcionaban como los comodines de esta gran baraja. Donde se necesitan, allí están ellos. Encargados de tomar temperaturas diarias, de comunicar información a las familias y de dejar sus funciones diarias a un lado para dar apoyo en aquellas que ahora eran más necesarias. Aquellos que han charlado con los residentes un ratito mientras el termómetro subía (no más de 37 por favor).

Equipo directivo, supervisor, gobernanta… Viernes 12:00 de la mañana nuevo protocolo de Comunidad de Madrid. Mismo día, 17:00 de la tarde cambio de rumbo, nuevo protocolo y las decisiones tomadas esa mañana ya no sirven. Su inteligencia es adaptarse a cada situación y han dirigido esta guerra como los mejores comandantes. A día de hoy, la historia parece más tranquila pero todos tenemos claro que debemos estar alerta. Aunque las fuerzas a veces nos falten, aún queda guerra.

Somos el objetivo de algo muy malo pero hay una cierta esperanza de sacar algo positivo de todo este horror.

Terapeuta ocupacional y Trabajadora social.

1 thought on “La soledad en la lucha. Retazos de «esos días» en una residencia.

  1. Que increíbles, comprometidas y excelentes profesionales, jamás imaginé q ñas personas tuvieran tanta capacidad de darse así como vosotras. Muy correctas, aunque sabéis q no todos se han dado tanto…. Os recompensare con algo de lo que nos ha dado tanta fuerza y energía….. Palmeritas de chocolate! GRACIAS A LAS DOS POR TANTO!

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