A día de hoy, asistimos al gran boom de las redes sociales del mundo virtual. Este mundo ha cambiado mucho en poco tiempo. Hemos tenido que asimilar rápidamente muchos conceptos y formas nuevas de relacionarnos. Palabras como: filtros, memes, likes, comenta, sube, stories, selfi… hace 15 años tenían otro significado y quizás su significado haya cambiado para siempre. A partir de aquí hay numerosas actitudes humanas que han cambiado de paradigmas y algunas como la comparación o la exposición han aumentado al máximo y con ello las exigencias como persona, los cánones de belleza y las modas. Pero ¿es fácil para los niños y niñas desarrollarse de forma óptima con un grado de exposición y comparación mucho más elevado que en otros momentos históricos? ¿Es fácil llegar a desarrollar empatía o solidaridad si siempre comentamos todo con la seguridad de una pantalla? ¿Es fácil desarrollar límites y tolerancia a la frustración cuando todo en este mundo virtual es ilimitado e inmediato? Aquí reside la dualidad de las redes sociales. Donde unos deshumanizan y bromean ante cualquier situación por dura que parezca y otros tratan de abrirse paso entre la maleza con mensajes de igualdad, de lucha y de vencer a la pereza.


Afrontamos una adolescencia tecnológica, hiperexpuesta e hiperconectada, por un lado impresionante pero también horripilante. La aprobación de los demás en forma de likes, el aumento de nuestra belleza a modo de filtros, el número de seguidores como forma de estatus , peticiones de amistad aleatorias y conversaciones en visto que hacen sentir el abandono más grande que nunca nadie nos hizo sentir en vivo. Sí, esto son las redes, son alegría y pena, son realidad y ficción, son guerra y paz. ¿Será una arroba precediendo nuestro nombre lo que a veces nos hace perder nuestra identidad? ¿O será la sensación de que nada es de verdad, de que todo es solo un juego virtual? Pero… ¡qué va! en el fondo esto es real, es la nueva manera con la que nos relacionamos, nos divertimos y a veces nos comenzamos a amar.

Que bonita herramienta de conexión ante una pandemia tan aterradora como la actual pero que arma tan letal ante esta sociedad poco formada en gestión emocional. Sin duda yo creo que llegará el día, en el que todos y todas podamos charlar y aprovechar estas redes de manera lógica y sin ganas de juzgar, de prejuiciar, ridiculizar o culpabilizar.

Y es que, amigos y amigas, las redes sociales han venido para quedarse, por ello quizás debamos ser conscientes de todo lo que hay detrás. Detrás de cada filtro, de cada meme, de cada like, de cada petición de amistad… En el fondo no es ninguna novedad, tan solo un nuevo sistema para codificar nuestras mentes al gusto de una elites con ganas de arrasar, de controlar y de vender más y más. DESPIERTA, ESTA NO ES LA REALIDAD. Ni la tuya ni la suya, porque la vida no siempre son sonrisas, tampoco prisas, ni historias sin más. La vida son un sinfín de caricias, caídas y resurgimientos, alegrías y penas.

Aprender a tocar la vida, a sentir la vida, a oler la vida es lo que tenemos que transmitir a las generaciones que actualmente nacen con un Ipad bajo el brazo. Los y las profesionales sociales y educativos estamos obligados a luchar por un uso responsable y productivo de las redes. Porque corremos el riesgo de convertirnos en un reflejo virtual de lo que somos en realidad. No queremos acabar sentados en la caverna viendo pasar las sombras, sin darnos cuenta de que la vida está al otro lado.

En definitiva, la vida no se puede definir en un perfil. Tu mejor me gusta o tu mejor retweet, tu mejor amigo, no esta al otro lado de la pantalla sino sentado frente a ella. Nunca olvides que detrás de cada post,  de cada comentario y de cada foto hay un ser humano.

Alberto Heredia

1 thought on “Las Redes Sociales: ¿Máquinas de unión o de destrucción social?

  1. Totalmente de acuerdo Alberto, ojalá hubiera una asignatura / formación sobre el uso de las nuevas tecnologías y sus riesgos o posibles comportamientos disfuncionales que pueden suponer, porque lo bonito ya lo venden muy bien.

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