MENA es un término -únicamente jurídico- que alude a un niño o adolescente que no ha nacido en este país y no tiene a nadie que pueda hacerse cargo de él aquí. Normalmente, ha viajado desde su país de origen sin tutor legal ni familiares siendo siempre menor de edad. No existen MENA mayores de edad.

Es decir, cuando en estos últimos tiempos se usa la palabra MENA asociada a delitos y discursos de odio por parte de la prensa, partidos políticos de derecha y determinados grupúsculos racistas, lo que están haciendo es cargar sobre todo un colectivo de NIÑOS y NIÑAS los errores de un sistema, fijándose solo en el comportamiento delictivo de unos pocos menores.

Además de focalizar sobre uno de los colectivos más vulnerables —la infancia y la adolescencia—, se actúa como si todos ellos fueran de una misma nacionalidad, como si todos fueran un único ser sin personalidad propia más allá de una serie de “características estereotipadas”, siguiendo fieles el ejemplo de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi, que decía que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad.

Pues no es verdad que la mayoría cometan delitos, sino al contrario. Ejercer tal presión sobre un colectivo de niños y niñas desamparados, es en sí mismo una aberración. Lo que nos permite ver es que no hay interés alguno en analizar el tipo de delitos o el porqué de estos, pues no hay intención en buscar una solución. Lo que buscan es polarizar a la población contra la migración y para ello se está usando como carnaza —reitero una vez más— a niños y niñas. Se les está odiando, insultando frecuentemente, atribuyéndoles delitos y un largo etcétera de conductas deplorables contra el colectivo.

Pongamos como ejemplo ilustrativo cómo serían tratados por una parte de la prensa, y demás «opinólogos», un grupo de adolescentes migrantes haciendo botellón o consumiendo alcohol, y qué trato recibiría otro grupo de adolescentes que, en cambio, sean nacionales. En el caso del grupo nacional, probablemente sería tomado como algo propio de la edad, el empezar a “salir”, a lo sumo una crítica a lo mal que está la juventud, pero sin mayor repercusión. Sin embargo, si esta misma acción fuera llevada a cabo por los jóvenes migrantes el trato sería completamente diferente, y se diría de ellos que están tirando por la borda la oportunidad que se les brinda, que se está despilfarrando el dinero público en alcohol, etc.

Todo esto sin conocer ningún otro dato, porque puede darse que ese chaval migrante sea un estudiante estupendo —que los hay, solo que no salen en prensa—, y que está viviendo su adolescencia igual que el resto… ¡menudo delito! Si lo que te parece mal, querido lector, es el consumo de alcohol por parte de menores, cosa que entiendo, entonces el problema no son los adolescentes que lo perpetran sino, por una parte, el modelo de ocio juvenil mayoritario, del cual habría que analizar las causas —por ejemplo, de dónde sacaran el modelo a seguir los jóvenes—; y por otra, habría que preguntarse quiénes les venden alcohol, se lucran con ello y por qué razón nunca se pone el foco aquí. ¿Acaso no se sabe qué bares regenta la juventud? El caso es que, a fin de cuentas, ellos son quienes cometen el delito: la venta de alcohol a menores de edad.

No obstante, y volviendo sobre los jóvenes migrantes, he de decir que queda bastante feo —si no es directamente mentir— el acusar a un colectivo de lo que haga un individuo. Es como si acusáramos a todos los futbolistas de consumir prostitución, a todos los políticos de​ robar, a toda la gente que va al gimnasio de «ciclarse», a todos los andaluces de no saber hablar o a todos los madrileños de ser unos pijos. Primero porque no es cierto, y segundo porque no se debe, repito, acusar a todo un grupo de lo que haga un individuo perteneciente a él.

Lo señalado en los párrafos anteriores es un claro ejemplo de racismo, pero aún habrá quien dude acerca de calificar esta actitud como tal. Pues bien, desde Vox —u otros partidos o plataformas—, sale gente como Garriga a difundir estos mensajes de odio. Para aclarar si esto es o no racista, definamos pues, qué es racismo. Para ello vamos a usar la guía Racismo: qué es y cómo se afronta elaborada por el grupo INTER, el cual investiga sobre educación intercultural. Seguro que el profesorado universitario que participa en él algo sabe del tema. Cogiendo parte del texto podemos decir que: «el racismo consiste en clasificar a las personas en grupos en función de lo que creemos del mismo, ya sea esto real o imaginario, donde lo importante es que esas diferencias/características sean creídas o creíbles. Así mismo, asociar un determinado comportamiento —también real o imaginario— a las personas del grupo y generalizarlo a todos sus miembros, con el objetivo de generar una jerarquía entre unos y otros —buenos y malos, por ejemplo— y hacer recaer sobre el destinatario la culpa de la desigualdad que vive».

Repasemos pues a ver si encaja. El grupo MENA: una característica sería la delincuencia y un comportamiento el violento. Así mismo, ellos son responsables de cualquier mal que les suceda y merecen ser deportados. Parece que encaja ¿no? Algunas personas que hayan leído hasta aquí, tal vez aún se resistan y sigan considerándoles como un “grupo peligroso”.

Bien, no se trata de que se vea a los niños o adolescentes migrantes como una especie de seres de luz que no cometerían delito alguno, sino que, en primer lugar, quien comete el delito no es una totalidad, es una persona, y culpar al resto que pudieran adscribirse a su mismo grupo —sea extranjero, tenista, del Madrid, del Barça o guitarrista— sería absurdo. En segundo lugar, los jóvenes no cometen delitos porque sí, por una especie de ADN maligno, sino que hay unas causas objetivas y subjetivas que hay que analizar para poder solucionarlo. El objetivo de un sistema penal en la actualidad no debe ser el castigo, sino la reinserción, y más cuando se trata de niños o adolescentes. En tercer y último lugar, me gustaría destacar que, si vives en ambientes donde lo único que te queda es la supervivencia, no aprendes otra forma de actuar. Si nadie te ayuda vas a ser desconfiado, incluso con quien en un futuro pudiera realmente querer ayudarte.

Imaginaos, siendo un niño, tener que sobrevivir en la calle, y no en las de aquí, sino en las del país donde has puesto todas tus expectativas de labrarte un futuro. [de otro país, y encima después migrar en busca de un futuro]. O imaginaos vivir en una familia con problemas de drogas o en un ambiente de malos tratos, etc. Si no has conocido otra forma de relacionarte ¿Cómo crees que actuarás de mayor? Creo firmemente que los delincuentes de hoy, en su mayoría, son los niños que ayer no recibieron una correcta educación y ayuda. A fin de cuentas, nos sobra visceralidad y nos falta más (co)razón, ya que vivimos en una sociedad donde las soflamas que nos quieren confrontar entre nosotros son usadas día sí, día también, pero quienes nos quieren enfrentados, nos deberán encontrar en común.

Aitor Integrador Social

robar, a toda la gente que va al gimnasio de ciclarse, a todos los andaluces de no saber hablar o a todos los madrileños de ser unos pijos. Primero porque no es cierto, y segundo porque no se debe, repito, acusar a todo un grupo de lo que haga un individuo perteneciente a él. Lo señalado en los párrafos anteriores es un claro ejemplo de racismo, pero aún habrá quien dude acerca de calificar esta actitud como tal. Pues bien, desde Vox —u otros partidos o plataformas—, sale gente como Garriga a difundir estos mensajes de odio. Para aclarar si esto es o no racista, definamos pues qué es racismo. Para ello vamos a usar la guía “Racismo: qué es y cómo se afronta” elaborada por el grupo INTER, el cual investiga sobre educación intercultural. Seguro que el profesorado universitario que participa en él algo sabe del tema. Cogiendo parte del texto podemos decir que: El racismo consiste en clasificar a las personas en grupos en función de lo que creemos del mismo, ya sea esto real o imaginario, donde lo importante es que esas diferencias/características sean creídas o creíbles. Así mismo, asociar un determinado comportamiento —también real o imaginario— a las personas del grupo y generalizarlo a todos sus miembros, con el objetivo de generar una jerarquía entre unos y otros —buenos y malos, por ejemplo— y hacer recaer sobre el destinatario la culpa de la desigualdad que vive. Repasemos pues a ver si encaja: el grupo menas, una característica sería la delincuencia y un comportamiento el violento. Así mismo, ellos son responsables de cualquier mal que les suceda y merecen ser deportados. Parece que encaja ¿no? Algunas personas que hayan leído hasta aquí, tal vez aún se resistan y sigan considerando a los menas como un “grupo peligroso”. Bien, no se trata de que se vea a los niños o adolescentes migrantes como una especie de seres de luz que no cometerían delito alguno, sino que, en primer lugar, quien comete el delito no es una totalidad, es una persona, y culpar al resto que pudieran adscribirse a su mismo grupo —sea extranjero, tenista, del Madrid, del Barça o guitarrista— sería absurdo. En segundo lugar, los jóvenes no cometen delitos porque sí, por una especie de ADN maligno, sino que hay unas causas objetivas y subjetivas que hay que analizar para poder solucionarlo. El objetivo de un sistema penal en la actualidad no debe ser el castigo, sino la reinserción, y más cuando se trata de niños o adolescentes. En tercer y último lugar, me gustaría destacar que, si vives en ambientes donde lo único que te queda es la supervivencia, no aprendes otra forma de actuar. Si nadie te ayuda vas a ser desconfiado, incluso con quien en un futuro pudiera realmente querer ayudarte. Imaginaos, siendo un niño, tener que sobrevivir en la calle, y no en las de aquí, sino en las del país donde has puesto todas tus expectativas de labrarte un futuro. [de otro país, y encima después migrar en busca de un futuro]. O imaginaos vivir en una familia con problemas de drogas o en un ambiente de malos tratos, etc. Si no has conocido otra forma de relacionarte ¿cómo crees que actuarás de mayor? Creo firmemente que los delincuentes de hoy, en su mayoría, son los niños que ayer no recibieron una correcta educación y ayuda. A fin de cuentas, nos sobra visceralidad y nos falta más (co)razón, ya que vivimos en una sociedad donde las soflamas que nos quieren confrontar entre nosotros son usadas día sí, día también, pero quienes nos quieren enfrentados, nos deberán encontrar en común.

1 thought on “MENA o cómo promover el racismo.

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