Ha llegado. Está aquí. Creíamos que íbamos a poder controlarlo. Que íbamos a sobreponernos, que teníamos límites éticos, que al final triunfaría la información sobre la desinformación y los bulos, en el mundo social. Pero no, el odio ha venido para quedarse. Ha roto derechos, marcado fronteras y desprotegido a todo un colectivo (esto si pensamos que alguna vez supimos protegerles). Pero, sobre todo, ha tatuado en la cara de la necesidad un término cargado de odio, de “sin recursos”, de “sin respuestas” de “sin valor”. Han marcado la cara todo un colectivo de adolescentes que no superan los 18 años, con una frase “sin futuro”.

MENA.

Eso es lo que eres. Te voy a quitar tu humanidad, tu condición de infante, de sujeto vulnerable, porque total, si te trato como un concepto administrativo será más fácil marearte, engañarte o pensarte como un número, como una plaza, como un problema. Porque hemos llegado al fondo del asunto: eres un puto problema. Pero no eres un problema nuevo. La infancia en desprotección en España siempre ha sido un problema.

Eres la infancia invisible. No se te ve. No se te oye. No das guerra. Siempre detrás de las instituciones, en manos de congregaciones religiosas, de fundaciones con escasos recursos, privatizadas y relegadas a los últimos puestos de los presupuestos. Sin renovar, sin dinero, sin profesionales bien remunerados. No saben quién eres, y no saben qué hacer contigo.

En este panorama has irrumpido tú: migrante, pobre y menor. Han hecho de ti una bandera. A veces eres bueno, te integras y eres un caso de éxito, de su éxito. Algo que vender a los periódicos. Pero casi siempre eres malo: drogadicto, terrorista, ladrón, inadaptado. Entonces ellos hablarán de tus fracasos, de tus carencias, y dejarán a un lado su falta de medios, su falta de interés por ti y por tu situación. Entonces serás tú, y será tu responsabilidad. Aunque tengas 12 años o 17, da igual , será tu culpa. Nadie te entenderá. Y lo peor, nadie te atenderá.

Les has venido de perlas para cargarte con el muerto: el de un sistema colapsado, olvidado y privatizado. Porque tú eres el mismo problema pero con otro envoltorio. Tu piel es más oscura, tu idioma es raro, tu fe distinta y tu pobreza imposible de esconder.

Contigo, el odio sale fácil, sale rápido y sale bien. Y, además, les calma.

Por eso nunca volverás a ser un niño: siempre será tu culpa.

Esto lo escribí hace un año, a raíz de un discurso político en el que Abascal echaba la culpa de todo lo malo de este país a los MENAS; después se sucedieron varias agresiones e intentos de ellas a menores migrantes, ¿alentados o no por ese tipo de discursos? Los medios de comunicación no le veían relación. Pero llegamos al punto de que se lanzara una granada en un hogar de menores protegidos de Hortaleza, Centro de Primera Acogida, por donde pasan gran parte de los niños y niñas que van a entrar en el sistema de protección a la infancia.

Hoy nos llevamos las manos a la cabeza porque Trump ha alentado a sus fanáticos en un discurso político y, como consecuencia de ello, han asaltado el Capitolio, símbolo de la democracia de todos los estadounidenses. Nadie tiene dudas de que ha sido una acción-reacción y de la responsabilidad de Trump en este asunto. De hecho desde España decimos que nuestra democracia es mucho más fuerte, que esto no va a pasar. Lo siento tertulianos del celuloide, esto ya ha pasado, lleva años pasando y en concreto pasó el año pasado.

Igual es que a los menores migrantes no los consideramos nuestros, o igual es que el sistema de protección a la infancia no le importa a nadie y puede ser vejado sin consecuencias. Pero estos discursos siguen. El odio se ha sembrado y esta floreciendo tan rápido que mañana te afectará a ti y ni siquiera te darás cuenta.

Sara Educadora social

1 thought on “MENAS is the new black

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