Irene es Integradora Social y hace tres años se graduó en Educación Social. La hemos invitado hoy para reflexionar sobre el papel de la mujer LGBT en la acción social.

Buenos días Irene, cuéntanos un poco tu experiencia profesional estos años.

Durante todos estos años, mi experiencia profesional se ha desarrollado principalmente con chavales, ya sea en contextos no formales o viviendas tuteladas, y con personas con diversidad funcional, tanto en asociaciones, más vinculadas al manejo del tiempo libre y la autonomía,  como en centros educativos, con contenidos más académicos.

Tuve un acercamiento a la radio comunitaria, porque desarrollan un proyecto maravilloso de género y diversidad, tal vez lo más parecido al activismo que he hecho nunca, y actualmente me encuentro trabajando en aulas TGD (Trastornos generalizados del desarrollo) o TEA (Trastornos del espectro autista)

Perteneces al colectivo LGTB, ¿durante tu vida has vivido episodios de exclusión por visibilizar tu orientación sexual?

¡Desde luego! No pertenecer a la heteronormatividad ha marcado un punto de partida diferente para mí. Y quienes lo hemos vivido, lo sabemos.

Creo que “sentirte excluida” podría escindirse en dos aspectos. El primero es la autoaceptación. El segundo, la apertura a comprender por parte de tu familia y personas queridas, fundamentalmente cuando tu salida del armario ocurre cuando tu carácter todavía se está forjando y eres en cierto modo, dependiente del apoyo afectivo de personas que son referentes para ti.

Para mí, asumir mi orientación nunca fue un problema, pero el segundo aspecto en mi caso no fue fácil.

Sin embargo, hoy en día sólo puedo decir que he llegado al mismo nivel de empoderamiento que quien ha tenido unas circunstancias más fáciles que las mías. Y que trato de utilizar mis fuerzas prestándome, por ejemplo, a causas como escribir en este medio para favorecer que el proceso sea fácil para quien lo pueda necesitar. No soy partidaria de aprender a través de dolor. Prefiero el cariño y el apoyo.

También considero que la naturalidad y la fuerza vienen cuando se está preparada. Ni antes, ni después. Para eso sólo hace falta tiempo, paciencia y entender que lo que sientes por dentro es lo que proyectas hacia fuera. Del mismo modo, cuando te curas, es cuando estás en disposición de curar. Y cuando te sientes bien, es cuando puedes desarrollar tu vida sin tabúes y sin miedos.

¿Cómo crees que ha evolucionado el papel de las mujeres en el movimiento LGTBI? ¿Qué nos queda por hacer?

Considero que estamos en un momento de auge, pero no sé si estoy siendo completamente objetiva o estoy proyectando que yo cada vez estoy más implicada en la lucha, y actualmente tengo más conciencia de todas las personas que nos acuerpamos para hacer fuerza y perseguir la igualdad efectiva del colectivo.

Igualmente, pienso que las mujeres dentro del movimiento L(G)TBI, seguimos estando atravesadas por las desigualdades de género. Sigue existiendo una invisibilización si nos comparamos con los hombres que pertenecen a él. Ellos, aunque siguen siendo caricaturizados como si sólo existiese un prototipo de NO cis-hetero normatividad, pueden al menos presentarse a la sociedad que los ve, para seguir trasformando su realidad.

En nuestro caso, considero que seguimos siendo invisibles sea cual sea nuestra orientación (LB). De hecho creo que mucha gente sigue buscando en nuestras relaciones la masculinidad, como si fuese un epicentro que da explicación a todo lo demás. Me atrevo a decir que, en el caso de las bolleras, se atribuyen por estereotipo las características masculinas (cuando en absoluto la realidad es tan simple), y en el caso de las mujeres bisexuales, se sigue categorizando la realidad considerando que son heterosexuales en el caso de que tengan una relación con un hombre, obviando así buena parte de su orientación y, por tanto, de su identidad.

Dentro de la intervención social ¿te has encontrado con alguna dificultad, exclusión o señalamiento por tu orientación sexual?

Lo cierto es que, trasladando mi vivencia personal a la profesional, podría decir que en el momento que tú lo afrontas con la naturalidad y decisión que cualquier otra persona lo hace cuando habla de su vida privada, es sorprendente la aceptación y la normalidad que profesan el resto de personas, tanto las y los usuarios como los propios equipos. Si alguien ha omitido alguna vez un juicio de valor contra mí por mi orientación, nunca ha llegado a mis oídos, vaya.

Pero, por otra parte, sé que mi realidad no es la realidad global, que existe la discriminación por esta razón en muchos casos y que el mero hecho de preguntarme a mí misma cual es la manera de abordarlo, cuando cualquier otra persona que pertenece a la cis-hetero normatividad ni se lo plantea, es suficiente para saber que queda mucho por hacer todavía. Que sigue existiendo el miedo, en parte por el propio bagaje personal que tenemos, sí, pero en mayor parte por las numerosas ocasiones en las que todavía en la actualidad existen cientos de casos de discriminación por este motivo. No considero que tengamos problema con lo que somos, más bien lo tenemos con quienes NO nos dejan ser. Y esto tiene que quedar claro.

Durante este ciclo de reflexiones sobre la acción social LGBTI, nos hemos encontrado con dos discursos. Uno que defiende que la orientación sexual no define tu trabajo como profesional de la acción social, entonces es irrelevante que tu colectivo de intervención lo conozca. Otro que muestra la orientación sexual y la utiliza como herramienta educativa, mostrando su orientación como ejemplo de visibilidad y tolerancia. ¿Qué opinas?

Opino que la relevancia o no depende básicamente de lo que a ti te haga sentir cómoda. Y que no hay sólo una manera de hacer bien las cosas. Depende de la persona y del caso concreto. Es algo sobre lo que pienso mogollón de veces.

Yo, personalmente, nunca lo he utilizado con premeditación, pero siempre surge cuando estás forjando un vínculo, como surgen otras tantas cosas, y para mí esa es la manera en la que debe ser y a la que se le otorga la importancia que realmente tiene. Sin enaltecerlo, sólo haciendo que se interiorice la diversidad involuntariamente.

Por otra parte, creo que utilizar la orientación como herramienta para la intervención puede ser muy eficaz, en mi trabajo a veces lo ha sido, de hecho. No obstante, puede ser una propuesta arriesgada, porque puede ser un factor de vulnerabilidad en según qué contextos o ámbitos la desarrolles. Y esto es importante tenerlo en cuenta para tomar decisiones, porque el mundo en el que vivimos sigue siendo hostil, y cuidarse es importante.

Muy bien Irene, creo que has sido muy clara y nos has trasladado muchas reflexiones. Qué importante es dejar ser. Por último nos gustaría que reivindicaras algún aspecto de tu profesión, en este caso la Educación Social.

Que merecemos la seguridad que tienen otras profesiones, básicamente. Porque no somos menos importantes. Seguridad y seriedad en cuanto a reconocimiento, en cuanto a funciones, en cuanto a obligaciones y en cuanto a derechos. Necesitamos dejar de pender de un hilo en el que nuestra identidad parece que lucha por existir como familia profesional.

Irene, Educadora Social

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