En las últimas semanas se negocia por parte de la Administración y de los sindicatos la actualización de la Ley de Cuerpos Penitenciarios y el Consejo General de Colegios oficiales de Educadoras y Educadores Sociales-CGCEES. La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias remite el informe “EDUCACIÓN SOCIAL EN INSTITUCIONES PENITENCIARIAS” con el que se argumenta y se solicita la incorporación de educadoras y educadores sociales en los centros penitenciarios de todo el ámbito estatal, excepto en la Comunidad Autónoma de Catalunya, en el que esta figura profesional está implantada desde años.

Que la Educación Social es necesaria e imprescindible en el ámbito penitenciario no es discutible. Lo que reivindico aquí es que seamos los/as EDUCADORES SOCIALES reales, formados, con experiencia, con criterio técnico, los/as que ocupemos los puestos denominados en el Reglamento Penitenciario como educadores, pero que en la actualidad no son necesariamente sociales, o bien, que este puesto cambie de nombre a otro más acorde y que la figura del educador/a social entre a formar parte de los Equipos Técnicos. En resumen, que vamos a hablar de profesionalizar nuestra profesión, de darle la importancia que se merece y de visibilizar la necesidad de nuestro trabajo.

Es preciso que compañeros/as de profesión conozcan esta estructura, así como estudiantes tanto del grado, como de oposiciones que se ofrecen en academias, de manera engañosa, a plazas de educador de prisiones, cuando a ese puesto no se puede acceder de manera directa de la calle.
El puesto de educador viene recogido en el Reglamento Penitenciario que se remonta al año 1981, desde esa fecha no se ha modificado ni el modo de acceso ni las funciones. La carrera de educación social, nace en 1991. Igual tenemos que revisar algo.

Los educadores de prisiones son, según el Artículo 296 del Reglamento: funcionarios de Instituciones Penitenciarias, es decir; primero hay que acceder a la Institución desde el puesto de ayudante (Titulación mínima: Bachillerato) y tras muchos años de experiencia o mejor dicho, antigüedad, se podrá optar a un puesto de educador. Dependiendo del centro penitenciario del que estemos hablando pueden ser fácilmente 20 años de antigüedad, en centros más nuevos o donde la plantilla rota más, a lo mejor con suerte, tras 7 años como ayudante, podrán conseguir una plaza de educador. Estas plazas están sujetas a concurso, donde lo que más puntuación tiene son los años trabajados en “la casa”.

¿Requisitos?

Se valorará una formación acorde con el puesto, pero en ultima instancia a igualdad de puntos será el director/a del Centro Penitenciario, el/la que elija al educador de turno. No es necesario un título en Educación Social.
Posteriormente, con suerte, se ofrece una formación específica, de 1 semana de duración. El futuro educador/a, tendrá que presentar si así se lo requiere su superior, el Subdirector de Tratamiento, un proyecto que será evaluado por un titulado en psicología o en derecho (los subdirectores no son nunca educadores sociales, otra discriminación de esta Institución)

Las funciones que recoge el reglamento penitenciario para estos puestos no están sujetos a los parámetros que conocemos de educación social, son funciones más acordes a la vigilancia que a la intervención educativa.
“Serán los colaboradores directos e inmediatos de los Equipos de Observación y de Tratamiento quienes realicen las tareas complementarias que con respecto a observación y tratamiento se señale en cada caso, especialmente las siguientes:

1ª Atender al grupo o subgrupo de internos que se les asigne, a quienes deberán conocer lo mejor posible, intentando mantener con ellos una buena relación personal, y a los que ayudarán en sus problemas y dificultades durante su vida de reclusión, intercediendo, presentando e informando ante la Dirección del Establecimiento sus solicitudes o pretensiones.

2ª Constituir progresivamente la carpeta de información personal sobre cada interno del grupo o subgrupo que tenga atribuido que se iniciará a partir de una copia del protocolo del mismo, que se les entregará en el primer momento, y que completarán posteriormente día a día con todo tipo de datos que obtenga.

3ª Colaborar con los especialistas miembros del Equipo, cumpliendo las indicaciones y sugerencias de los mismos en orden al acopio de datos de interés para cada uno de ellos y realizando las tareas auxiliares que se les indiquen con respecto a la ejecución de los métodos de tratamiento.

Artículo 297. Excepcionalmente la Dirección del Establecimiento podrá ordenar a los educadores la colaboración con el profesor de Educación General Básica en la labor de instrucción cultural, así como, en los establecimientos de régimen abierto, con los Asistentes Sociales en la solución de los problemas laborales derivados de la colocación de los internos en puestos de trabajo extra penitenciario.
Artículo 298. Los Educadores, mientras desempeñan tal puesto de trabajo, están excluidos de funciones de régimen interior del Establecimiento. Si tuvieren conocimiento de faltas reglamentarias, salvo aquellas que constituyan delito o pongan en grave peligro el orden general o la seguridad del Establecimiento, actuarán con un criterio de discrecionalidad tratando de armonizar su deber de funcionarios con el fin principal del tratamiento y la correspondencia a la confianza que hayan depositado en ellos los internos.

Hace 30 años de esta legislación y está claramente desfasada. Un/a educador/a social nunca establecería relaciones personales tal y como definen las funciones explicadas, y no se limitará a recoger información y archivarla. “Atender” tal y como indica la primera función, tiene un carácter asistencial, muy lejano a una actuación técnica. No quiero decir que ninguno de los educadores que trabajan en prisión no realicen un trabajo adecuado, pero después de tantos años, se requiere un cambio tanto en el modo de acceso, como en las funciones, además de la promoción interna. La paradoja es que, en la actualidad, un educador ha estado hasta unos días antes de ocupar su puesto, en funciones básicas de vigilancia o en trabajaos administrativos. La relación con el interno/a ha sido sancionadora y represiva en muchos casos. Al menos hasta ese momento el trabajador ha sido para el interno/a una figura de autoridad. Lo que cambia es que deja de usar uniforme. ¿De verdad nos creemos que el cambio de rol tanto para el trabajador/a como para el interno/a se produce tras un curso de una semana y por cambiar de vestimenta?

Por otro lado, aunque se tenga la suerte de que ese/a educador/a, tenga la titulación de Educación Social (ha podido haber estudiado en la UNED, por ejemplo, muchos/as lo han hecho) su experiencia profesional se ha limitado al centro penitenciario, no tiene muchas más referencias ni modelos profesionales para su aprendizaje. Lógicamente, a la Institución, durante muchos años, estos puestos le ha interesado mantenerlos así, para dar una salida a funcionarios mayores, cansados y desmotivados de las funciones de vigilancia, pero la sociedad cambia, las necesidades de las prisiones también, los internos/as tienen otro perfil, la demanda de intervención educativa ha aumentado, ya que la población penitenciaria ha evolucionado. Esto se ha cubierto en muchos centros con ONG´s y asociaciones, con personal realmente cualificado.

Es lamentable que desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias no se plantee un cambio en su organización de personal y de Recursos Humanos, que llevemos 30 años con un reglamento que está objetivamente desfasado, que premia a trabajadores no cualificados en puestos técnicos y que perjudica a otros que sí lo están. Estamos hablando de más de 500 educadores en España, tirando por lo bajo, desconozco el dato exacto, pero a una media de 7/8 puestos por centro Penitenciario, resultan muchos puestos ocupados por personas, la gran mayoría no titulados como educadores/as sociales.

Si realmente se quiere hacer intervención desde la Educación Social en prisiones, hay que cambiar de manera urgente este puesto

  • Que los educadores de prisiones sean exclusivamente, diplomados/as o graduados en EDUCACION SOCIAL
  • Que entren a la institución de manera directa, del mismo modo que otros profesionales (véase juristas, o psicólogos o trabajadores sociales)
  • Que tengan la posibilidad de pertenecer al cuerpo técnico y optar a puestos de subdirección. Si no hay profesionales de la educación social en puestos de “mando” difícilmente se va a dignificar la profesión. Además de que por supuesto, tienen las mismas aptitudes para realizar tareas de subdirección que otros titulados y la misma titulación de acceso (Grados)
  • Y la Administración y los Sindicatos tienen en su mano en estos días revertir esta alarmante situación.

Una Educadora Social que hace lo que puede en un Centro Penitenciario

Educadora Social

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