Siempre fui una niña que, sin quererlo, el profesorado le tenía cariño, con lo que a mí me gustaba pasar desapercibida… quizá por eso terminaba destacando. Una niña que no protesta, que en el recreo se ponía a dibujar en el suelo con un palito y que salía siempre la última de clase porque odiaba el ruido.

En el instituto todo fue bien. Sacaba muy buenas notas y seguía destacando sin quererlo. Al final de cada curso obtenía un “diplomita” por mi esfuerzo durante el mismo. Cada año me sentía expuesta. A la tierna edad de 15 años te obligan a elegir un itinerario para bachillerato, y dos años más tarde, con 17 una carrera universitaria.

Llegó un punto en el que me harté del instituto. No me gustaba. Odiaba el clima que había en el aula. Cuando tenía 16 años, al menos una vez al mes, mis padres tenían que venir a recogerme a clase porque tenía ataques de ansiedad. Todos a mi alrededor pensaban que, con unas notas como las mías, escogería una carrera «ideal». Claro que los significados de ideal, suelen ponerlos «señores que mueven el mundo», muy alejado de como yo lo veo.

A mí, que siempre me ha gustado “enredar”, y ya que en el instituto no nos ayudaron mucho con la elección de estudios superiores, busqué por mi cuenta. Después de informarme, decidí elegir de primera opción Educación Social, de segunda Trabajo Social y de tercera Sociología.

Con mis notas sabía que accedería sin dificultad, asique, la EBAU no la estudié. Mi familia se dividió entre los que decían que no podría estudiar esa carrera, y los que me apoyaban: “Qué ganas de complicarte la vida trabajando en esos temas, ya sé que es necesario, pero que lo hagan otros”. “Hija, tú sabes que puedes con algo mucho mejor, tú vales para mucho más”. Es en este tipo de comentarios cuando se ve el el valor que tienen las carreras «sociales». Es un acto involuntario pero queda claro que la sociedad no le da ninguna importancia al cuidado de los demás, al soporte de los más vulnerables y al valor de tener una sociedad socialmente sana y con buenos tratos.

Ahora estoy aquí, finalizando mis estudios. Una carrera preciosa, de innumerable valor pero de escaso reconocimiento. Durante ella, los profesores nos han dibujado dos tipos de realidades. Una, en la que inventan una profesión que no existe: todo fácil, todo bonito, con un mercado laboral en el que puedes elegir entre cientos de empleos, en el que todo son facilidades… La idea es maravillosa pero deberían avisarnos de que cuando salgamos del aula, no va a ser así. Muchas veces, los profesores que nos dan clase no tienen ni idea de dónde tenemos hueco y dónde no. Quizás porque el mundo académico aísla del campo de juego, del terreno directo, o quizás porque nunca han bajado al campo y siempre han estado en el banquillo.

Hay otra realidad que algunos profesores se han molestado en mostrarnos. La realidad tal cual es. Lo difícil. El esfuerzo que conlleva salir a la calle cada día reafirmando tu posición de profesional social. Nos han hablado de los miedos, de los errores y del desánimo que sentiremos todas en algún momento. Pero también nos han enseñado que se puede vivir, que se puede trabajar y sobre todo que se debe reivindicar el valor de nuestra profesión día a día. En mi grupo de amigas, ahora que ya terminamos la carrera, se comentan cosas como: “¿Y ahora que máster hago? «Ya que solo he tenido contacto con un colectivo en las prácticas, no me decantaría por especializarme en ninguno”. “Tía, paso de líos, este año, de momento, no voy a echar currículums de educadora, prefiero dejarlo apartado de momento”.

Con este panorama yo me pregunto: ¿Quién va a luchar por la educación social? ¿Cómo vamos a luchar? ¿Es una batalla perdida? ¿Tengo que luchar cuando acepto un trabajo con funciones de monitor pero haciendo trabajo de educadora social o hacer esto ya es perder la batalla? ¿Tengo que luchar mientras trabajo en residencias de mayores contratada como animadora sociocultural y desarrollando labor de educación social? ¿Tengo que denunciar?

Ahora bien ¿dignifica defender así la profesión o te quita dignidad por aceptar trabajos en los que eres consciente de que no estás siendo valorado como mereces? ¿Se deberían aceptar o rechazar este tipo de trabajos?

¿Para ser educador/a social tienes que estar dispuesto a serlo todo el día, a que no te importen las condiciones laborales porque estás haciendo un trabajo necesario y que alguien tendría que cubrir, y que, gracias a él, las personas con las que trabajes van a salir beneficiadas? ¿Tengo que cargar yo con la culpa de que sin mi puesto no sale el trabajo? ¿Es mejor trabajar de forma precaria que no trabajar? No lo sé chicas, yo desde el pupitre soy un mar de dudas.

Pero y tú, ¿a qué estás dispuesta?  

Claudia Vicente, estudiante.

7 thoughts on “Ser o no ser Educadora Social.

  1. A reivindicar tus derechos y una mejora de tu profesión así como al reconocimiento de la misma y exigiendo se termine el intrusismo mediante una regulación por convenio con sustantividad propia de tus funciones de tal modo que otro profesional ante la indefinición, amplitud, vaguedad de las mismas se aproveche en tu perjuicio como profesional de tu trabajo como sucedería si fuera al contrario y es de natural en todas las ocupaciones.

    Denuncia los abusos porque aceptarlos supondría consolidar y aceptar por omisión y de modo incomprensible los mismos y el daño generado a la dignidad y el valor de tu trabajo y de ti misma como persona y profesional cualificado, y al mismo tiempo un menoscabo, un daño y un insulto a tus compañeros y usuarios e incluso a la propia institución bajo los que tienen lugar y que muchas veces los desconoce.
    Se realista en tus fines y en tus capacidades, siendo consciente de que es una profesión en permanente construcción y mejora, que se hace con las personas por y para ellas.
    Y en suma, reivindícala, lucha por su visibilidad y reconocimiento em todos los foros y momentos en que tengas ocasión. Por ti tus compañeros, profesionales, y usuarios así como ppr los futuros educadores.

    La Educacion Social no es una utopia sino la verdad de un camino que el hombre ha soslayado siempre: autorrealizarse para ser plenamente humano. Es por ello que se enfrenta con su más firme antagonista: el sistema económico; el «statu quo». De ahí su vital importancia como vehículo de mejora del ser humano y de su necesidad como herramienta indispensable.

    1. Hola Claudia, gracias por mostrarte tan clara y sincera.
      Hola Javier, veo que tienes muy claro lo que hay que hacer y para decírselo a los demás con mucha contundencia, pero la realidad es que la educación social continúa sin ser valorada ni social ni económicamente. Entendiendo que eres educador social, supongo que habrás aceptado los abusos en muchas ocasiones, como hemos hecho todas, y eso no te hace ser peor persona ni deshonrar la profesión, simplemente necesitamos vivir.
      La lucha se puede hacer de muchas maneras, empezando por exigir un colegio profesional activo, colegiándose y estando implicada en todas sus formas posibles o promover otra espacios que hagan ruido y defiendan los derechos de tus compañeras.
      A mí, me parece que exponer en este espacio tus dudas ya es un comienzo y no todas tenemos que ser heroínas 24 horas, muchas sólo podemos sobrevivir a la situación y apoyar los movimientos y reivindicaciones de los colegios/colectivos/personas que sí pueden y quieren estar en la lucha activa.
      Gracias por mostrar tus dudas, descubre por ti misma qué es la profesión y lucha mucho, de la forma que puedas y quieras y mucho ánimo!

  2. Comparto en mis redes! Totalmente de acuerdo, sales de la carrera y te das cuenta de las condiciones laborales, desencantada, quemada… Pero ánimo, todo llega!!

  3. Hola, tu reflexiones son muy interesantes pero me parece que la primera a tener prejuicios por tu trabajo eres tú! Todavía no has empezado a meterte en el mundo laboral de la educación social y ya tienes claro lo que te vas o no te vas a encontrar!! Porque te lo han contado! Chica déjate de historias y entra en el mundo real… cada vida es diferente y en todo los trabajos a veces hay que tragar mierda. Si un curro no te satisface dejalo y busca otro..eres muy joven..lucha por tu profesión..no te quejes de una forma preventiva porque al final tu actitud puede verse afectada.

  4. Como estudiante de 4° y a las puertas de terminar la carrera, me siento súper identificada con las palabras de esta compañera. Pero en mi humilde opinión pienso que, desde el minuto 1 empezamos este camino por vocación y aunque hasta llegar a la meta tengamos que pasar por baches, entendiendose estos como trabajos precarios o no reconocidos, el hecho de saber que lo que hacemos es imprescindible, habrá valido la pena. El camino será difícil pero las playas son un paraíso y están formadas por granitos de arena, ¿Porqué no ser nosotrxs esos granitos de arena?.
    Gracias Claudia por visibilizar y expresar lo que muchxs sentimos y pensamos!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *