El día 7 de abril fue el Día Mundial de la Salud y a mí siempre me ha parecido muy curioso como al hablar de salud, ya que siempre pensamos en la física y poco en la mental porque hablar de esta, equivale a “necesitar un loquero”, “no querer ir al psicólogo” y/o “no estar bien de la cabeza”. Para mí, la salud mental es la base de todo, lo físico no funciona sin esta y por ello, hoy quiero aportar mis primeras pinceladas de muchas, sobre el Duelo Migratorio.

Una vez llegas al país o la nueva ciudad, es la novedad, la oportunidad de hacer las cosas bien, de alcanzar la felicidad y encontrar todo eso que te faltaba o que has perdido por el camino en el proceso de la migración, la dignidad, el respeto y los sueños. Y entonces, pasado un tiempo, aparecen como un huracán, emociones como la nostalgia, la melancolía, las dudas…etc.

A veces, se acompaña de un sentimiento de tristeza, añoranza, y culpa, pero esto no llega al inicio, sino después de un tiempo cuando nuestro proyecto migratorio y las circunstancias del lugar de acogida requieren de una reestructuración para la que, en la mayoría de los casos, no estamos preparados.

Este tránsito de emociones es un duelo. Es una pérdida y una ganancia. Este proceso personal cobra un sentido fundamental y conocerle mucho más, ya que al final, es la construcción de un nuevo proyecto vital ajustado a las circunstancias reales (te dejo este video del @elbuenoisrael donde cuenta como él superó su duelo migratorio)

Ahora bien, dentro de las dos caras de la moneda de la migración, como la mayoría de los acontecimientos de la vida, crea una serie de beneficios y también produce un conjunto de dificultades, tensiones y situaciones de esfuerzo, que generan en la persona que realiza la migración una serie de factores de riesgo y dan lugar a estresores que conducen a un duelo migratorio en mayor o menor medida dependiendo de la vulnerabilidad, habilidades y situación de acogida de la persona migrante.

Al migrar, todos los esquemas de la persona cambian, tanto más, cuanto más lejana y distante culturalmente sea el país de acogida.

El duelo migratorio se caracteriza por ser una situación que somete a la persona que migra a cambios múltiples y permanentes al mismo tiempo, es decir, es un duelo que se mantiene activo durante toda la vida migratoria de la persona, y se halla muy relacionado con las vivencias en el país de origen y vinculado a las capacidades personales de adaptación y resiliencia.

Para mí, cuidar la salud mental de las personas migrantes equivale a apoyarles en la reformulación del proyecto migratorio, las situaciones difíciles obligan a reestructurar la vida, dificultades como: encontrar trabajo, la regularización de la situación administrativa, búsqueda y establecimiento de la vivienda, las adaptaciones lingüísticas o el aprendizaje de un nuevo idioma. Añadido a las presiones internas y las políticas de inclusión del lugar de acogida, no son cuestiones que se tengan en cuenta a la hora de iniciar un proceso migratorio.

Que una persona migrante pueda tener el apoyo que le permita identificar sus emociones, reconstruir su proyecto y continuar…sólo será posible con información, tanto para las personas que migran como para aquellas que trabajan con migración, generar los conocimientos y la cultura de cuidado hacia la salud de todas aquellas personas que tienen que reestructurar su vida nuevamente, pero no desde la debilidad, sino desde la valentía de quien tiene una historia vital que le ha llevado a empezar de nuevo.

Hay que guiar las bases de una construcción nueva desde la esperanza migratoria.

La clave en los procesos migratorios es que entendamos el proceso, pero este no se comprende. Hacerlo, supone también razonar que la persona migrante aporta un patrimonio humano y social a través de su cultura y de su experiencia. Es comprender, la complejidad de su historia vital, el trayecto de la migración, sus tiempos y realizar un acompañamiento social acorde a los tiempos emocionales y no a lo que “esperamos que tenga que pasar”.

Emprender un proceso migratorio es la actitud de quien quiere mejorar las cosas a su alrededor. De alguien que, ante los problemas, actúa. Pero, sobre todo, de aquellas personas que cree en el futuro y quieren construirlo. Por ello, cuidar la salud y la actitud emprendedora migrante es lo que hace a las sociedades avanzar.

Si no somos máquinas ¿Por qué parece que la salud mental es sólo para aquellas personas de estratos socioeconómicos altos que se pueden permitir acudir a una ayuda profesional? y si no, queda totalmente invisibilizada o directamente no tenemos tiempo para escuchar las necesidades psicosociales de las personas migrantes.

Finalmente, y reflexionando como trabajadora social, entono nuestro mea culpa porque el duelo migratorio se maldiagnostica por la escasez de formación en él. Es más, como profesionales vamos a machete pensando lo que los y las migrantes deben hacer sin pensar en la mochila emocional que traen detrás.

Es responsabilidad nuestra como profesionales y del sistema porque abordamos la vulnerabilidad del proceso migratorio desde el paternalismo, interviniendo como si las personas migrantes fueran víctimas que merecen ser salvadas y sí, las circunstancias migratorias las convierten en víctimas, pero lo que hay que hacer es reconocer y legitimar en este caso, su derecho a la salud mental.

Daniela Montes Arenas, Trabajadora Social, Mediadora. Blog @amamigrations 

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